
¡Bienvenidos a mi blog!
Me llamo Lorenzo Fernando Strukelj; en Eslovenia soy Lovro Štrukelj.
Nací en la Patagonia Argentina el 14 de Abril de 1954 y hace casi ocho años que vivo en Eslovenia, tierra de mis padres (en la foto, estoy en Kranjska Gora, muy cerca de la frontera tripartita Austria-Italia-Eslovenia, el pueblo de mi abuelo paterno).
Toda mi vida he escrito, aunque he publicado poco; tengo algunos premios literarios, locales, nacionales e internacionales, tanto en prosa como en poesía ("El poeta desconocido", cuento, premio Círculo de letras C. Riv, Argentina - "Capricho borgeano", poesía, premio nacional Diario Crónica, Argentina - "El ignoto castillo del Sur", cuento, premio recibido en Punta Arenas, Chile...).
En la vida me han interesado muchas cosas.
He trabajado en teatro durante más de 20 años.
Canté en diferentes coros y conjuntos musicales (con "Los sí" ganamos un concurso regional de la canción blanca en Viedma, Río Negro).
Hice un curso de realización cinematográfica de un año de duración y realicé dos cortometrajes.
Milité en política durante años (MID, Justicialismo). En Eslovenia milito en el partido Nova Slovenija (Nueva Eslovenia) y actualmente soy candidato a concejal por la Municipalidad de Cerklje na Gorenjskem.
En fin... habría muchísimo más que contar; lo voy a ir haciendo a lo largo del blog, mezclando hechos actuales y vivencias pasadas, con una buena dosis de mis creaciones literarias en cuento y poesía.
Ojalá despierte el interés de algún lector; si alguien disfruta aunque sea un poco leyendo mis escritos me siento compensado.
Así comienzo esta nueva aventura de publicar mi blog.
Como decía Neustadt: no me dejen solo (!)
Hola!
Aquí estoy con mi hija Alexandra. La llamamos Alexa.
Es todo lo que tengo. Es mi amor, mi orgullo, mi compañía, el objeto de mis pensamientos, la meta de mi ternura.
Después de esta laaaarga enfermedad en que perdí todo, vuelvo a las fuentes, a la esencia, para corroborar qué es lo que en realidad tengo y no puedo perder aunque pierda todo.
Lo único que me queda después de que perdí todo. El amor incondicional, infinito.
Gracias a la vida, gracias a Dios, por este regalo.
Hablaba recién de lo que no perdemos cuando perdemos todo.
Hablaba de mi hija Alexandra.
Pero hay también otras cosas que no perdemos.
Veamos.
Cuando buceamos en nuestro fuero interior en búsqueda de lo trascendente, de lo que significa para nosotros este viaje por la vida, nos encontramos con algunas cuestiones básicas, que suelo concretar en tres preguntas básicas:
- ¿Qué quiero ser?
- ¿Qué quiero tener?
- ¿Qué quiero hacer?
Puedes perder lo que tienes (éxito, dinero, amigos, familiares, pareja).
Puedes perder la capacidad de hacer lo que hacías.
Pero no puedes perder lo que eres.
Por eso, trabaja sobre lo que quieres ser. Trata de acercar lo más que puedas esa imagen de lo que quieres ser con lo que en realidad eres.
El ser incluye el cómo eres (amable, simpático, generoso... aburrido, amargado... engreído, irritable... inteligente, informado, interesado en lo que pasa y en los demás... despótico, humilde, sumiso, servil, decidido, miedoso, culto, urbano, soez, refinado... - somos tantas cosas en uno).
En conclusión: no se pierde lo que se es y no se pierde el amor de los seres queridos (aunque mueran, el amor continúa así como la vida, camino de la trascendencia).
Después de las dos sangrientas y mundiales guerras del siglo pasado, casi todos estábamos convencidos de que la humanidad, luego de tanto y tan feroz sufrimiento, renunciaría para siempre a las guerras, a la violencia como arma para imponer derechos, ideas, formas de interpretar el mundo y concebir la vida.
Pero hoy, con dolor, vemos que nada hemos aprendido.
Los conflictos armados brotan como hongos por todo el orbe.
Los Israelíes con sus proyectos hegemónicos, con su activismo sionista...
Los Arabes fundamentalistas con su guerra santa...
Juntos, convierten la "París de oriente" en un cementerio, un basural y un montón de escombros.
Los Estados Unidos con su manera de arreglar las cosas al estilo Far-West...
Europa que se avergüenza de su tradición cristiana, que debería traer consigo amor, perdón, fraternidad...
Regímenes como el de Cuba, que siguen torturando, desapareciendo personas, haciendo un culto de la personalidad de un personaje patológico...
- el capitalismo, que no incluye en el haber del capital planetario la vida, cuando no conviene a sus negocios;
- el comunismo, que desprecia la vida de quien no es amigo del régimen;
- el islamismo, que desprecia la vida de quien no adora a Dios al modo islámico;
- el sionismo, que sólo sabe medir el sufrimiento de su propia gente, pero no el que él mismo produce;
- las tiranías de países pobres con gobernantes ricos, dueños de la vida y los bienes de todos;
- las republiquetas que no pueden garantizar estándares mínimos de dignidad...
Un mundo lleno de basura. Un basural lleno de inmundicia. Una inmundicia llena de egoísmo.
New York y la guerra santa,
Madrid y la guerra santa,
Buenos Aires y la AMIA,
La espada demente de oriente,
Las víctimas y el dolor…
El mundo se va de madre
¡La madre que los parió!
Y seguimos descendiendo. ¿Hasta cuándo?, ¿hasta dónde?
¿Hasta que nos destruyamos nuevamente y haya que comenzar de nuevo?
¿Como Europa después de la guerra?
Extasis de muerte (Srecko Kosovel, Eslovenia)
(traducción: Lorenzo F. Strukelj)
¡Todo es éxtasis, éxtasis de muerte!
¡Oh, torres doradas de Europa, decadente!
Oh, cúpulas níveas (¡éxtasis total!)
Un hirviente caldo de rojos es el mar.
Se embriaga de ocaso con el sol que muere,
El hombre europeo, ya muerto mil veces.
- Éxtasis total, éxtasis letal. -
Qué bella imagiono la muerte de Europa,
Cual reina en oropeles, rodeada de pompa
Yacerá en la oscura tumba de los siglos;
Morirá en silencio como si cerrara
Sus dorados ojos, una reina anciana.
- Éxtasis total, éxtasis letal. -
Una nube púrpura y ardiente en el ocaso,
(El último rayo de luz para Europa)
Baña de sangre mi hastiado corazón.
Y ya no queda agua; no hay agua en Europa
Y ya bebemos sangre los hombres de estos días,
Sangre de unas nubes dulces y tardías.
- Éxtasis total, éxtasis letal. -
Recién nacido, ya ardes en las llamas del final,
Los mares están rojos, colmados de sangre,
Los lagos, sin agua, son lagos de sangre;
No hay agua que lave las culpas del hombre,
Su sucio corazón; que limpie su nombre.
No hay agua que sacie la sed devoradora
De una nueva vida y una fecunda aurora.
Ya todo es ocaso y no habrá mañana
Hasta que no muera el último culpable
De tamaño crimen
Y no quede nadie…
¿También sobre esta tierra, sobre ésta también,
Arrojarás ardientes, sol del ocaso,
Tus rayos letales? ¿Sobre ésta también?
Un sangriento mar, ardiente y postrero
Inunda la campiña, verde, vegetal…
Ya no hay salvación, criminal raigambre,
Hasta que no caiga el último mortal,
Hasta no caer también nosotros dos
Bajo el peso denso de este mar de sangre.
Y el sol derramará su rayo postrero
Sobre nuestro yerto cadáver europeo.
CREDO
Creo en lo invisible, lo visible y lo increíble
En lo material, lo impalpable, lo ignorado,
Lo apenas sugerido, lo prohibido, lo imposible,
Lo que está por venir, lo perdido y lo olvidado.
Creo en los proyectos, en la duda y la utopía,
La voz de la conciencia, los coros celestiales,
Las lenguas sin sonido y la telepatía,
Lo ignoto, lo sagrado y los irracionales.
Creo en una mano que nos guía, imperceptible
Y que señala todos los caminos a los ciegos;
Que insiste hasta llegar de lo trivial a lo indecible
Y que vela por la lista de oraciones y de ruegos.
En el misterioso cuerpo místico de Cristo
Y en el cuerpo etéreo nacido de la red;
Los dos nos comunican y viven sin ser vistos,
Despiertan en nosotros las ansias y la sed.
Describe tu aldea
Y describirás el mundo
Describe el mundo
Y desnudarás tu alma
Desnuda tu alma
Y desnudarás el universo
I . El universo
“En un principio era el caos;
“Las tinieblas cubrían el abismo…
Más tarde fue la luz, la mar, las flores,
Diversidad de seres y de amores.
Y, siglos después, más de lo mismo…
Así, querido amigo, en dos más dos.
Después, exhaustos ya los siglos,
Mi génesis y yo.
II – Yo
Y existo desde entonces yo, arrojado,
En esta simple historia,
Sin fuerzas, sin valor, como atrapado,
Sin pena verdadera y tan sin gloria.
En este cuerpo animado,
Alma encarnada y pasión de rojo,
Onomatopeya vital
De otros que le antecedieron,
Sólo veo carne nula
Que se pudre con el tiempo,
Que arrastra todo mi ser
Por el fango del olvido.
Se borrarán horas largas
Con el tiempo que no existe,
Que es un "ahora" eterno, inmóvil,
Como el ser.
Un puñado de nervios y sangre
Que acumula experiencias,
Que alimenta angustias
O finge dichas y lame hiel.
Hiel amarga de existencia,
De duras inexperiencias,
De inmadurez progresiva
De un siempre inmutable y cruel.
Con un tendal de vivencias
Putrefactas e inmorales
Ante los ojos mortales
De otra carne como yo:
Un cúmulo de fracciones
De amor y libertinaje,
De invencible ignorancia,
De negro hedor e impotencia,
De veleidad de poder.
Son los ojos de la carne
Que sólo son temporales
Y quieren ser radicales
En necias afirmaciones
Al auscultar las tinieblas
Pardas e indescifrables
Que mienten a la razón,
Factores de destrucción.
Y en la senda del seré,
Mis ojos perdieron el camino;
La rosa de los vientos se ocultó,
Otras manos forjaron mi destino.
Había bruma en mi ser dolorido,
Y era grito de angustia
Arrojado con asco,
Escupido al camino,
Para que en tu minuto de hueca humanidad
Se hiciera carne en ti;
Para que en ese instante de leve vacuidad
Se hiciera sangre en ti.
Había luz en mi día claro
Y era vida parida al azar,
Existencia iluminada,
Un camino hacia la esencia,
Para transformar tu carne
Y mirar conmigo el siempre.
¿Y por qué esta soledad
Que me carcome los huesos?
Osteoporosis del alma,
Socava mi fuerza y mi paz,
No me da quietud ni calma.
En una playa desierta,
Mil osamentas mortales;
Nubes negras en el cielo,
Olas de furia en el mar.
Y en mi cuerpo, hambre, sed…
¡Deshidratación brutal!
Gritos ensordecedores
Que el agua grita en las rocas;
Soledad desgarradora
De cadáveres humanos.
El cuerpo se desvanece…
Tiemblan sin fuerza las manos…
Ni un sol triste que me alegre,
Ni un pájaro que me cante,
Ni un corazón que me hable.
¡Soledad que vuelve loco!
Y mi cuerpo, enfermo y débil,
Va cediendo poco a poco…
Gris tristeza de una tarde
Sembrada de calaveras.
¡Incomunicación re-cruel,
Suplicio peor que el hambre!…
…En la playa triste y gris
Yace ahora otro cadáver.
III – Tu
Y entonces apareces de improviso
Cual Eva de un edén casi olvidado
Que, empero, regenera mis recuerdos,
Revive en mis entrañas el pasado…
Recrea mis vivencias y mis duelos,
Mis viejas frustraciones y mis sueños.
Lastima mis otoños con su ausencia,
Alegra mis mañanas con su risa,
Remueve mi letargo con su prisa
Desnuda mis pasiones y mi esencia.
Descubrí el universo en tus ojos.
¿Recuerdas esa aurora y esos rojos
Destellos tenues de tu tierna juventud?
El hecho es que tampoco tú te has ido
Y entonces el recuerdo me devuelve
Aquellos pobres versos dedicados
En un poemario breve y escogido:
“Nada son veinte
“Poemas de amor,
“Nada una canción desesperada.
“Cuando alguien quiere
“Como quiero yo,
“Todos los poemas no son nada.
“No es nada el libro ni nada la palabra
“Ni es nadie Neruda en este asunto.
“¿Por qué te regalo entonces yo esta obra?
“Porque sí; porque te quiero y punto.
Recuerdo que reíste y me besaste
Y yo gocé, feliz, de nuestro idilio.
Jamás imaginé que nuestros pasos
Pudieran ir camino del exilio.
IV – Nosotros
Todo comenzó,
Como comienza todo.
Luego, el tiempo me enseñó
Que es ése el único modo.
Vivimos días de dicha
Y siglos de hondo dolor...
Noches negras y cerradas
Y días de intenso sol...
Conocí tu vientre tibio
Y conocí tu traición...
El mar sabe de la calma
Y sabe también del furor...
Juntos contamos los días,
Las estrellas y los vientos.
Juntos hicimos los hijos,
Juntos les dimos consejos,
Juntos gastamos la vida...
Juntos llegamos a viejos.
Y juntos hicimos el mundo
Cargado de angustia,
Colmado de pena,
Que en ti se hizo grito
Y en mi se hizo guerra.
Y parí violencia.
Y nos destruimos.
Y ya no existimos
En aquel camino que tracé contigo.
Y fuimos violados.
Y ni en el recuerdo tenemos morada:
Fuimos olvidados
Y de nuestro paso ya no queda nada.
Ni una huella triste, marcada al pasar
De nuestra existencia gris, acelerada,
De nuestras ansias natas de dejar estela.
Y un pájaro yerto hoy se nos parece.
Y el segundo breve de la breve opción
Hoy desaparece,
Bajo las tinieblas de la oscura nada.
Sólo nos anima y late en nosotros
La leve esperanza de la redención.
A ti te debemos; a mi se me debe,
Esta triste destrucción.
Ya nada tenemos, ya nada sabemos.
Tan solo nos queda,
Esperar perdón.
V – Ellos (los otros, los lugares y las cosas)
Anduvimos el camino en soledad,
Pero en una soledad acompañada.
Estar juntos, codo a codo, en realidad,
Es muy frecuente que no quiera decir nada.
Estaban ellos, compañeros invisibles
De un camino de placeres y dolores,
Compartiendo silenciosos nuestras horas,
Las auroras y el perfume de las flores.
El cante jondo, Valle Inclán, Dalí, Picasso,
Serrat, Machado, Nuria Espert y algún pecado...
Buñuel, Gauguin, Sabina y Mallarmé,
Algunas dudas, Prešeren, Kosovel.
Venecia, Bled, Pidal, Pelayo, Lorca,
Tu vientre tibio y el juego de la horca,
Miguel Hernández, Prevert y el postre helado
Que preparabas, tan rico y esperado.
El costumbrismo español, el pan y el vino,
Mis padres, Heidi y Paco de Lucía.
Mi sueño en sol mayor, Bizet, Tchaikowski
Y los sabores que contigo compartía.
Y en larga procesión, estéril y fecunda,
Lugares, hechos, hombres,
Los héroes y las tumbas,
Fantasmas y demonios,
Lo incierto y lo sagrado.
La yerma Patagonia
y el fruto del pecado.
Samuel Agnon, sus leyendas y sus nombres.
Vivaldi, Bach y el canto postergado,
Y vuelves siempre, Gauguin, hache de pé,
Con todo tu paquete de viviencias,
De cambios, de heroísmos y temores,
Suicidios fracasados, duda y fe.
Jugando con lo efímero y lo eterno,
Los planes y el vivir improvisado,
Lograste lo que pocos han logrado:
Gozar cual ciudadano del infierno.
No obstante el cruel infierno de tu vida,
Viviste tu arte a fondo y en plena libertad,
Esclavo voluntario de tu firme vocación
Igual que redivivo Cicerón.
Como un lobo salvaje sin collar
En este bosque, en esta selva singular;
Seurat, Van Gogh, Mallarme, Laval
Bebieron a tu mesa, frívola y frugal.
Tu amor por Vaitúa, tu amor por Tahití,
Tu amor por la vida, el amor y la bebida...
Ya se, ya se, Gauguin, el dolor no se va.
Ya se, ya se, Gauguin, sin sufrir no hay crear.
Uá maté, Gauguin, Ua peté énata
Uá maté, Gauguin, Ua peté énata
Uá maté, Gauguin, Ua peté énata
(Aún resuena hueco, lúgubre y final
Ese canto grave, postrero y fatal,
Como un eco triste de un pueblo olvidado
Que, una vez al menos, se ha sentido amado)
Tahití, con sus demonios, selvas y desnudos,
Patagonia, tierra estéril,
Patagonia, fin del mundo…
Y sigues siendo, terrón que me ha parido,
La tierra gris que llevo en mis entrañas.
No se si tu existir tiene sentido
O sólo es escenario de míseras hazañas.
Crecí, no obstante, oyendo cantos, cuentos,
Palabras, melodías y leyendas,
Viviendo fantasías e historias de la guerra
Contadas con pasión en otra lengua.
Y entonces con la leche
Materna, dulce, tibia,
Se cuela otra cultura por mis venas.
Es Europa que avanza despaciosa
Por los vasos capilares de otra tierra.
Canta, tierra, austral, desierta,
Odas de sangre retinta
Meollo de venas secretas,
Oasis sin agua ni vida.
Drusa incrustada en la piedra.
Oro negro bajo tierra,
Roncando en paz y silencio,
Génesis de crueles guerras.
Oro blanco bajo el cielo,
Terso, suave, lana al viento,
Deambulando, padeciendo,
Vagoroso en tus misterios.
Recorriendo laberintos
Intrincados, grises, secos.
Anduvieron, te pisaron
Duendes envueltos en sueños...
Aventureros sufridos
Viendo tus cien años nuevos
¿Imaginaron acaso,
A dónde tus pasos fueron?
¿Y a dónde fueron mis pasos?
¿Dónde me llevó la vida?
Disfrutando de espejismos,
Del manjar y la bebida
En una orgía sensual
Sin principio ni final.
Llegaron los Rolling Stones,
Los Beatles, Mozart, Pink Floyd,
Leonardo, Plečnik, Gaudí,
Tartini con su violín
Y un Ménart, canto y pasión,
Deep Purple, vida, emoción.
Amé ciento tres mujeres
En seis idiomas distintos.
Pagué caros los pecados
Dictados por mis instintos.
I love you, je t’aime, ti amo,
Y también Ich liebe Dich.
Piero y Jairo me cantaron,
Jetro Tull… y algún desliz.
Aún no cancelé la deuda
Y sigo pagando a diario;
No se terminan las hojas
De este, mi cruel calendario.
El mar mojó mi piel blanca,
Hubo caviar y champaña,
Largas noches sin dormir
Y hasta algún tiempo en España.
Surgieron nuevas ideas
Cual palomas de galera
Y revueltas de estudiantes,
Dolina, Bioy, Ginastera…
…El alma sigue sedienta
Y no hay quien pague la cuenta.
Y el mundo me llama y yo voy como Ulises,
A Ulises lo engañan, me engañan a mí.
En mi alma desierta no hay tiempo de dudas.
Como un vagabundo total, me perdí.
Anduve pregonando mi destino,
Nihilismo total de mi existencia.
Ausencia de soles,
Inanidad de estar en el camino.
Los bancos, las finanzas
Mi cuenta corriente,
Los brazos engañosos
De alguna hembra ardiente,
El trabajo y sus horarios,
Las revistas y los diarios,
Poblaron mis días
Y mis vanas fantasías.
Malgastaron mi tiempo
Sin ningún miramiento.
Llegué así, sin piedad,
A una edad
En que recién descubrí
Todo lo que olvidé,
Todo lo que perdí.
Y no es que me haya ocurrido
Sólo y tan sólo a mí.
Por lo que suelo escuchar,
Es error universal.
Y entonces,
Pretendemos recobrar inútilmente
Aquello que perdimos
Irremediablemente.
Y arrastramos esa pena tanto, tanto,
Que la llevamos hasta el mismo camposanto.
VI – Armagedón
Sueño con convertirme
En un animal alado
Y alejarme raudamente
De este suelo envenenado.
(Lalo de Pablo)
Y así vegetamos
Perdidos en un mundo
Que no nos da tregua
Ni pausa en la lucha.
Que no nos comprende,
Que no nos escucha.
Vivimos con temores,
Con odios, con guerras.
La duda existencial
Se torna banal:
Perdemos la conciencia
Por simple subsistencia.
Preguntas sin respuesta,
Respuestas sin sentido,
Impuestos sin servicios,
Servicios no pedidos.
Batallas profundas
Libradas por en el alma;
Batallas frugales
Eternas, cotidianas,
Que opacan el hoy,
Que ahogan el mañana.
Cual aves rapaces
Regresan y anidan
Y nada nos dan
Mas todo nos quitan.
Pero en ese cruel camino, largo, ajeno,
No me ahorraron ni una pena ni un dolor;
Me bebí hasta el fondo la poción
Que me estaba destinada del veneno
De algún Hobbes con su amargo Leviatán:
Hombres lobos que en contienda sin final
Nos mordemos a matar o a morir
Para todos, finalmente, sucumbir
Los hijos abandonados,
La prédica cotidiana:
Cambio amor por condón,
Cambio dinero por paz.
Toma, hijo, a disfrutar
Y déjame descansar.
Descartes con su dualismo
De todo me hizo dudar
Y ni Sartre ni Camus
Arrojaron mejor luz.
Para colmo, vino Marx
A proponer soluciones
Y otros muchos diletantes
En opíparos salones
Que, apelando a mi idealismo,
Me hicieron tomar partido
En el proceso penoso
De crear un mundo podrido.
Y en la vereda de enfrente
No había opción ni elección:
El capital, el mercado
Y los pobres, estafados;
La bestia, que no descansa,
Atacaba de ambos lados.
New York y la guerra santa,
Madrid y la guerra santa,
La espada demente de oriente,
Las víctimas y el dolor…
El mundo se va de madre
¡La madre que los parió!
¿Es que tendrá que volver
El flaco eterno, barbudo,
Judío de Palestina,
Porque todos los demás
No hallamos la medicina?
Así se sumaba la ley natural
A la ley del hombre, cruda y demencial,
Haciendo al humano perder la esperanza,
Herido de hastío, cubierto de llagas,
Violado en su esencia, sin voz y sin alma.
Vejado, sin consuelo, sin gloria y sin cielo.
Y así todo termina en mar de conjeturas,
Dolor, ausencia, duelo, traiciones, soledad,
Pesar, contradicciones, mentiras sin piedad,
Heridas sin remedio, bravatas y bravuras.
Y fue, cada palabra, sin frutos pronunciada;
Cada gota de tinta, vanamente derramada.
Cada voz, todas las voces, a los puercos arrojadas
Cual bíblicas margaritas, mustias y deshojadas.
La ausencia duele y confunde.
El vacío sin retorno desespera y angustia.
Aun así, me pregunto por qué
Tanta impudicia y crueldad
En aras de explicar un destierro.
Y es que no fue el desamor,
Ni fue el inviolable destino.
Tampoco el consumirse al engendrar,
Sólo vaguedades y espejismos.
No fue una cobarde huída,
Ni un capítulo novel
De una búsqueda porfiada
Eternal, hueca, extraviada,
Sin sentido y hasta cruel,
Mera etapa procesal
De una existencia sin sal
Que busca darle un sentido
A lo pasado y vivido.
Fue sólo aquella idea alumbrada tiempo atrás,
Postrer y promisoria de secretos y penumbras,
Mil veces releída, repensada en secreto:
"... ¿y para qué ser poeta en tiempos de penuria?..." (*)
(*) Hölderlin, en "Brod und Wein"
VII – Postrimerías
¿Y qué quedó de aquello que fuimos y vivimos?
¿Por qué se nos escapa la fiesta de la vida?
¿No existe ya esperanza para los que nacimos?
¿Hemos perdido todo o hay algo todavía?
Tan sólo la poesía
De Lalo de Pablo
Luchando su lucha
Entre Dios y el diablo:
“Mas la existencia del hombre
“Es una tendencia al Ser,
“Es un negar el olvido:
"Ser hombre es tender a Dios".
“Esperanza azul abierta
“A este rojo actual, finito,
“Limitado, impropio, impuro,
“Efervescencia de soles,
“Potencia de las potencias,
“Micrométrica por hoy;
“Aplastada por las guerras,
“Pisoteada por los hombres,
“Limitada por si misma:
“Negación de libertad
“Reina del libertinaje,
“Descalza, tullida, manca,
“Circunscripta, perseguida,
“Apoteosis de pasión.
“Pero hay una fuerza oculta:
"llegar a ser": LIBERACION.
De Pablo, cual profeta de los desesperados,
Encuentra su camino, resuelve su pasado,
Enciende una luz nueva que alumbra mi intelecto,
Concilia las afrentas, hedor de sangre y fuego.
No aquieta, sin embargo, las dudas de mi soma;
Me falta una vivencia total, definitiva,
Que en eclosión vital, cual santa parusía,
Inunde mi interior, aquiete mis hormonas.
Revolución profunda que integre mi existencia
Con todo lo que tengo de ciencia y de ignorancia
Y el todo universal, inacabable archivo
Que envuelve y delimita lo físico y mi esencia.
Sé que parece un poco rara esta perogrullada.
Sin embargo, si comienzas a escribir "hoy es hoy" a las 11.59:58 pm, es probable que hoy ya no sea hoy al terminar la frase, si es que por hoy comprendemos el momento en que la iniciamos; y viceversa.
Me dirán que complico la cosa. Y es absolutamente verdad. En honor a aquel famoso principio: ¿para qué fácil, si se puede complicar?
La complicación es todo un arte, que algunos practican con encomiable éxito. A veces me ponen furioso, otras veces los admiro; a veces los odio, otras veces me divierten.
El arte de la compliación no está en las listas de las bellas artes, pero sí que es una de las más extendidas.
¡Viva la complicación!
Así de simple.
Otro ejemplo: yo me llamo Lorenzo Strukelj, sin embargo eso no es totalmente cierto, porque en realidad soy Štrukelj, pero como esa palabreja contiene una letra que no existe ni en el castellano ni en el inglés, entonces sólo puedo apellidarme así cuando estoy en Eslovenia.
Pero, por ejemplo, en el blog no puedo ser ni lo uno ni lo otro, porque existe otro carácter llamado "espacio", que no existe en el idioma "blog", entonces ahí tengo que ser lorenzostrukelj.
Por añadidura, en Eslovenia soy Lovro en lugar de Lorenzo...
¡Pucha, digo! ¡qué crisis de identidad! pero, sobre todo, qué complicación, ¿no?
Hasta... ¿hoy?
Dedicatoria
Hay tres poetas, en tres riberas,
Que me han saciado de arte:
En la del Rio de la Plata, el universal Jorge Luis Borges;
En la del Segura, el sufrido Miguel Hernández;
Y el genial France Preseren, en la del Sava.
Este es un homenje al primero de ellos.
El de los otros dos,
Aún está en el alma.
CAPRICHO BORGEANO
Me han dicho, Jorge Luís, que te has marchado
Y es bueno que yo sepa que no es cierto;
Morar en otro mundo, con los dioses,
No puede ser lo mismo que estar muerto.
El ostracismo estaba ya en tu mente
Cual rara pero firme vocación,
¿Por qué afanarnos, pues, inútilmente
Buscando a tu destierro explicación?
Hoy sabes ya quién fue tu tercer hombre,
Vagando por las ruinas circulares;
Hoy sabes de los números, los nombres,
Las tierras misteriosas y los mares.
Has muerto y sin embargo sigues vivo;
Te fuiste y sin embargo estás aquí...
¿Será que vida y muerte son lo mismo?
¡Curiosa ubicuidad la del morir!
Trelew, Junio de 1986
JUSTIFICACION DE UNA AUSENCIA
En la Helvecia eternal
-patria tan añorada-
se me ha muerto como del rayo don Jorge Luis
-pluma tan admirada-
(remedando a Miguel Hernández)
Génesis inevitable de conjeturas y desconcierto:
La muerte.
Puebla el error, empero, cada espacio conjetural.
Y así fue cada palabra vanamente pronunciada;
Cada gota de tinta vanamente derramada.
La ausencia duele y confunde.
El vacío sin retorno desespera y angustia.
Aun así, me pregunto por qué
Tanta impudicia y crueldad
En aras de explicar un destierro...
Y es que no fuel el desamor,
Ni fue el inviolable destino;
No fue tampoco el consumirse al engendrar.
Todas, aproximaciones y espejismos.
No fue una cobarde huída
Ni un nuevo capítulo de otra porfiada búsqueda.
Menos aún, una mera etapa procesal de la existencia.
Fue, simplemente, aquella luminosa idea
Alumbrada tienpo atrás
E innumerables veces releída y repensada en secreto:
"... ¿Y para qué ser poeta en tiempos de penuria? ..." (*)
(*) Hoelderlin en "Brot und Wein"
Trelew, Julio de 1986
LAS DOS PROFECIAS
Bettina, reina de Tracia,
A quien cantara Jorge en inspirado vuelo;
Realeza nueva, sin aristocracia,
Nacida en surco al horadar el suelo.
Mas Luís se empecinó en hacerte prosa
Sin importarle pronunciar tu nombre en vano.
Así nació su conocida glosa
En aquel libro, tan divino cual profano.
Es Borges quien, sacrílego pronuncia
Tu nombre sin temor ni miramientos.
No se cumplió la maldición que anuncia
El misterioso libro de los cuatro vientos:
El mora entre nosotros, no se ha ido;
La profecía, pues, no se ha cumplido.
Trelew, abril de 1986
QUERIDO JORGE LUIS
En dos cosas acertaste solamente
Y aún en ellas
No fue total tu suerte.
Fue verdad que volverías a Ginebra,
Pero fue antes
De tu pretendida muerte.
No estás en Recoleta,
Tal cual lo predijiste;
Y estás también allí,
Tal cual lo presentiste.
(Nadie puede decir
Que no estará en un lugar
Si no ha pensado antes
En estar).
¿Juego de palabras?
¿Adivinación y suerte?
... ¡Caprichos de la ruleta
En que giran vida y muerte!
Comodoro Rivadavia, Junio de 1994
Pocas personas escucharon hablar de este castillo en el remoto sur de América; muchas menos aún son las que lo han conocido. Para ser más precisos, sólo tres mortales hemos gozado de tal privilegio en los últimos dos siglos. El príncipe indio y el baqueano que me llevaron hasta el lugar han muerto ya, por lo que creo ser el único conocedor de tamaña obra, atemporal y extraña. Esta amalgama de raras circunstancias es la que me impulsa hoy a revelar aquellos acontecimientos que me parecen a veces tan lejanos y, a veces, tan recientes. Siento casi como una obligación ineludible el dar testimonio de ello. Misteriosamente, esta sensación de deber se ha ido intensificando en los últimos tiempos y no puedo adivinar la verdadera razón. ¿O será que mis días también están llegando a su fin?
Uno de los encantos de la Patagonia es su virginidad. Si desplegamos el mapa, veremos dos larguísimos hilos laterales que la recorren de Norte a Sur, bordeándola por el Este y por el Oeste, por el mar y por la cordillera, con escasos nexos entre ambas: apenas un par de rutas demasiado distantes. Están también los caminos menores, invariablemente de tierra, y las huellas apenas recorridas por algún habitante perdido en sus entrañas sobreviviendo con sus ovejas. Pero aun asi, sumando todos los caminos, quedan extensiones inconmesurables que no figuran en ningún destino ni existe brújula que enseñe cómo llegar hasta allí.
En verdad, creo que este suelo estepario está menos explorado que la misma selva amazónica; la diferencia reside en que la selva es virgen por impenetrable y en cambio el desierto patagónico por simple destino de soledad: por esa condena que otorga la lejanía. Hay quienes sostienen que más que condena es una bendición y hay días en los que me incluyo entre ellos; hay días en cambio en los que creo todo lo contario y otros en los que sinceramente creo que ambos tienen razón y que, a su vez, ninguno la tiene. Y esto último es lo más probable.
Con el príncipe Llantén nos conocimos por obra de la casualidad, a pesar de que no creo en ella. Al baqueano, en cambio, lo buscamos durante mucho tiempo, pero el esfuerzo valió la pena. Realmente fue un valioso hallazgo.
Cuando nos internamos en esa mal llamada pampa, justo sobre el nivel de la meseta, se desplegó delante nuestro una interminable e imprevisible alfombra de variados matices que iban del gris al verde oscuro, con algunos puntitos amarillos y violetas pintados por las flores de la estación. No hay como la primavera para ensayar estas excursiones hacia las entrañas mismas de la estepa para disfrutar de ese colorido tan rico como sutil y que me figuro similar al que buscaron Gauguin y van Gogh cuando se afincaron en la luminosa Provenza. Como contrapartida, para que el idilio no sea perfecto, el viento golpea como en ninguna otra época del año.
Lo sorprendente es que, apenas alejados de los caminos trillados y las huellas preexistentes, el paisaje cambia tanto que uno llega a creer que se trata de un engaño. De pronto se abren cañadones que sólo diez pasos atrás eran isospechables; sierras de puntas afiladas, invisibles hace apenas cinco golpes de clepsidra; cuevas que parecen haber albergado a toda una civilizacion perdida en la memoria del tiempo. La flora y la fauna, cambiantes y de una variedad insólita, constituyen otro misterio no menos interesante. Juraría que las variantes orograficas y la riqueza de vida que descubrimos fueron un espejismo, si no confiara tanto en mis sentidos. Aun hoy me sigo preguntando si habrá sido real, aunque se perfectamente que lo fue. Desde la ruta he observado miles de veces ese horizonte indiferente y monótono, tratando de adivinar algo de todo lo que vi en aquel viaje, pero me resulta imposible a pesar de mi insistencia. Incluso desde el avión, desde donde pareciera que la visión es más rica y completa, no logré jamás una simple insinuación de la verdad, ni el más vago bosquejo que dé fundamento a mis recuerdos. ¿Pueden unos pocos pasos cambiar tanto la realidad? Sin duda que si; puedo dar fe de ello, porque yo anduve esos caminos con Llantén y el baqueano Sosa.
Sosa nos anticipó que no conocía el camino. Pero, en realidad, Sosa conocía todos los caminos: los que anduvo y los que no. Era baqueano de raza, de esos que, si le tapan los ojos y lo largan en medio de la estepa siberiana, en pocos minutos se las arregla como si hubiera nacido allí.
El camino que él decía no conocer, era el camino al castillo. Tampoco había oído hablar de su existencia. El único que tenía noticias era Llantén y, con vagas referencias, iba guiando al baqueano hasta donde podía. Yo, con mi escaso protagonismo, parecía ser el convidado de piedra, aunque en realidad era todo lo contrario, porque el príncipe indio me eligió para hacerme partícipe de su conocimiento y éste fue el único y real móvil del viaje.
Andábamos en silencio. Largas horas a caballo -o días, tal vez, cómo asegurarlo- y el tramo final a pie. Sólo escuchábamos el crujir de las piedras bajo nuestros pies y el silbido del viento entre las matas. Pero había momentos en los que el viento amainaba, entonces el ruido de las pisadas se hacia más vívido y se disfrutaba como una música honda, visceral y profunda. Cuando llegábamos a algún médano y desaparecía el ruido de las pisadas debido a la alfombra de arena, entonces el silencio se hacía infinito y total. Sosa y Llantén apenas ensayaban algún monosílabo de tanto en tanto. Yo, en cambio, no me atrevía a ultrajar esa paz desconocida e irrepetible ni siquiera con mi respiración. Era un éxtasis digno de ser vivido.
Por trechos, nos acompañaban distintos animales. Creo que así debe haber sido en el paraíso terrenal, porque esas bestias mansas y apacibles parecían no haber experimentado jamás la agresión de un humano. Se nos arrimaban como perritos falderos y nos seguían hasta que se aburrirían, supongo, de nuestra insípida compañía, pero enseguida eran reemplazados por otros, como si se tratara de una marcha programada en la que unos entregaban a otros la posta.
El sol subía y bajaba dibujando paisajes distintos a cada instante: proyectando sombras, quemando arenas, desdibujando perfiles, pintando y repintando con distintos matices el paño de nuestra visión.
Nadie llevaba reloj ni almanaque, desagradables carceleros que suelen encorsetar nuestras ansias de libertad hasta el fin de nuestras vidas, de modo que solamente la subjetividad de los sentidos primarios daba algún orden a nuestros días.
Durante toda la marcha nos cruzamos sólo con un humano. Era indio y Llantén parecía conocerlo, ya que se trenzaron en un breve y cordial visteo, analogía de una armoniosa a la vez que viril danza, en la cual ambos demostraron ser diestros. Cambiaron apenas tres palabras y luego el extraño siguió su camino, veloz sobre su brioso potrillo dorado, que más parecía una flecha que un caballo. Después, volvimos a la rutina del camino silencioso.
Justo en el momento en que ya el ciclo del asombro comenzaba a agotarse para convertirse en monotonía, se produjo la gran sorpresa. El camino comenzó a cerrarse como en una quebrada cada vez más angosta y, de pronto, se alzó ante nosotros una arcada que parecía ser la puerta de acceso a un mundo totalmente distinto. Hasta el olor del aire cambió de repente. Llantén sonrió, lo que para su flemática personalidad equivalía a un grito desaforado. Se adivinaba en su rostro el disfrute anticipado de una victoria que se está por conseguir. No dijo una palabra; sólo señaló hacia el noroeste con el brazo derecho extendido y hacia allí nos dirigimos.
A poco andar, comenzaron a hacerse más altas las matas y también más tupidas. Ya nos costaba avanzar sin coleccionar rasguños y azotes de las abundantes ramas. Pronto tuvimos que dejar los caballos y continuar de a pie y con machete, como si estuviéramos en plena selva. Por suerte no fue largo el camino. De buenas a primera, nos encontramos ante un gran farallón que no se podía confundir con las altas bardas que bordeaban el profundo valle, porque su constitución era totalmente distinta. No me animo a decir que era piedra, pero tampoco era ninguno de los materiales de construcción hasta hoy conocidos. He visitado innumerables ruinas y castillos en la vieja Europa, pero éste era distinto. Llantén apoyó ambas palmas sobre la inmensa pared y levantó la cabeza apuntando a la cúspide de aquel muro. Luego, como si se tratara de un extraño rito de alguna ignota liturgia, bajó la mirada al suelo cayendo en un estado de éxtasis o profunda meditación, mientras su cabeza se mecía casi imperceptiblemente en un rítmico vaivén. Hizo una larga inspiración, se irguió y retomó la marcha sin decir palabra, esta vez bordeando el muro hacia la izquierda.
Con Sosa nos mirábamos cada tanto como queriendo adivinar cada uno lo que pensaba el otro. No sabíamos muy bien de qué se trataba, pero sentíamos esa especie de sobrecogimiento que se experimenta en los momentos en que está por suceder algo muy importante.
Llegamos por fin a una gran puerta y, a través de ella, a un inmenso patio interior. ¡Era imponente! Recorrer con la mirada los muros que nos rodeaban producía vértigo. Desde los huecos de algunas aberturas, volaron grandes aves que seguramente habían establecido allí sus nidos ante la falta de otros habitantes. El patio era atravesado por un hilo de agua que surgía cerca de la puerta y se perdía en una grieta en el otro extremo, entre dos grandes piedras que le oficiaban de marco. Jamás vi ojos más grandes que los de Llantén recorriendo cada detalle. Cara de asombro como la de Sosa tampoco vi jamás.
De pronto, semiescondida por unos matorrales algo más altos que el resto, descubrimos una entrada lateral. Aparentemente la vimos todos en el mismo instante ya que, como en un acto reflejo, nos abalanzamos sobre ella los tres a un tiempo; pero Llantén nos hizo una seña para que esperásemos donde estábamos y siguió solo. Extenuados, nos resignamos a obedecer y tomamos asiento sobre unas piedras que parecían haber sido colocadas allí a modo de invitación al descanso y a la pausa. No se cuánto tiempo esperamos, porque me quedé dormido, exhausto por el viaje y la emoción del descubrimiento.
Cuando desperté, vi a mi lado al baqueano. Me dijo que el indio seguía sin aparecer. Comenzamos a recorrer el patio; vimos otras entradas, ingresando en algunas de ellas, pero eran todas entradas muy obvias y ninguna tenía el misterio de la que fagocitó a Llantén. Descubrimos algunas galerías largas y espaciosas, otras más reducidas y algunas que se convertían en pasadizos casi infranqueables. Seguimos vagando largamente y aquello parecía no tener fin. Era como andar y andar sin llegar nunca al final. ¿Tan grande sería aquel castillo? La luz entraba por distintas aberturas a modo de ventanas, pero todas demasiado altas para que pudiéramos mirar a través de ellas. Hasta que, de pronto, vimos una que no estaría a más de un metro y medio del piso. Grande fue nuestra sorpresa cuando, al asomarnos, descubrimos que estábamos a una gran altura, desde la que divisábamos todo el valle y aun mucho más allá. En realidad, podíamos ver casi todo el camino recorrido en el largo viaje que nos había traído hasta allí. Pero, nos preguntábamos con Sosa, cómo podía ser que viéramos el camino tan lejano y sin embargo, cuando en él habíamos estado, no vimos ningún accidente en el horizonte que pudiera hacernos sospechar siquiera la existencia del lugar donde ahora nos encontrábamos. Nos prometimos desentrañar este misterio a nuestro regreso. Seguramente no habíamos mirado bien o algún velo nebuloso había censurado nuestra visión, pero a la vuelta observaríamos atentamente hasta descubrir cómo se veía el castillo desde la distancia. También compartimos la sospecha de que las galerías por las que habíamos caminado seguramente conformaban una gran espiral, sutil pero eficiente, ya que en ningún momento habíamos subido escalera alguna, antes bien, nos pareció caminar todo el tiempo en forma horizontal, llana, y de pronto resultaba que estábamos a una altura similar a la cima de una gran montaña, desde la que se divisaba una extensión casi infinita de territorio. Nos entretuvimos adivinando el lugar en el que habíamos dejado los caballos. No parecía lejos.
Permanecimos tres días con sus noches en el castillo, caminando casi todo el día; recorriendo galerías y habitaciones, conociendo pasadizos y recovecos, explorando grandes salones y pequeñas recámaras, incansablemente y sin parar. En los tres días no recuerdo haber estado dos veces en el mismo lugar, lo que me hace pensar que aquello era realmente colosal. Tampoco encontramos en todo ese tiempo a Llantén, ni pudimos volver a encontrar la entrada por la que se había introducido él en el castillo. Varias veces creímos verla, pero al acercarnos caíamos en la cuenta de que en realidad no era ésa la puerta del indio.
Como por arte de magia, al tercer día, Llantén apareció ante nosotros, sonriente y gozoso, más comunicativo de lo que lo recordaba y con una luz en la mirada que tenía algo de misterioso y celestial. Así y todo, no fue mucho lo que nos dijo. Lacónicamente narró algunas noticias que a él le habían contado sobre la historia del castillo y que involucraban a sus antepasados muy remotos. También nos dio algunas referencias vinculadas con distintos puntos del castillo y su orientación, mencionando alineamientos estelares y planetarios que no comprendí muy bien. De golpe, como si le atacara una imprevista urgencia, nos indicó la salida y hacia allí nos dirigimos.
El camino de regreso fue muy similar al de ida. Los mismos silencios, los mismos monosílabos, el mismo paisaje, el mismo crujir de las piedras. Con Sosa intentamos descubrir el castillo desde la distancia, de acuerdo a lo planeado, sin embargo todo intento fue infructuoso, como si un acto de prestidigitación lo hiciera invisible casi de golpe. Por un momento sentí el impulso de volver para verificar que fuera verdad, pero no me animé. Creo que a Sosa le pasó lo mismo. Llantén seguía callado, pero algo había cambiado en él. No sólo su mirada; hasta su piel parecía más lozana. Era como si hubiera rejuvenecido.
Cuando llegamos al punto en el que nos habíamos encontrado con aquel otro indio en nuestro viaje de ida, el príncipe nos hizo saber que allí se separaban nuestros caminos. La despedida no fue ni solemne, ni triste, ni alegre, ni nada. Parecía sólo un acto banal, sin ninguna importancia ni trascendencia. Apenas saludó, tomó la misma dirección que había tomado su hermano de sangre y desapareció de nuestra vista con la misma premura con que lo había hecho el otro.
Nosotros, sin salir de la sorpresa por la intempestiva despedida, desandamos el resto del camino, idéntico pero opuesto al de ida y, llegados a la ruta, también nos despedimos, prometiendo encontrarnos en algún momento en la ciudad.
Siempre viví con la idea de que volvería a ver a Llantén, pero no fue así. A Sosa lo vi un par de veces y conversamos sobre lo vivido en esos días, por eso estoy seguro de que fue real. Sosa murió hará cosa de un año, soñando con serpientes, pobre. Por el padre Antonio Mateos, un santo español que anda por entre las tribus y reservaciones de la cordillera, supe que Llantén también murió. Según el padre Antonio, Llantén era un iluminado. Y debió ser así, porque ya el padre Barreto me lo había dicho muchos años antes, cuando nos presentó. Algún día relataré ese encuentro.
Durante muchos años callé todo esto, por temor al ridículo. Me sentía como quien vio un platillo volador y teme ser tomado por loco. Pero últimamente comencé a sentir un impulso extraño y una necesidad de contarlo que me llevó a hacerlo tal vez en demasía. Lo sigo haciendo compulsivamente, sin poder contenerme. La gente me escucha; algunos no dicen nada y se quedan pensando. Otros sonríen con sorna, desconfiados y a un tiempo condescendientes para con mis delirios. Esas muecas de Mona Lisa son las que menos tolero; prefiero a los que, directamente y sin rodeos, me manifiestan su incredulidad. He pasado a ser un personaje extravagante y sospechado de cierta insanía.
Sin embargo esta historia, tan simple como maravillosa, fue real. Nunca me atreví a regresar al lugar, pero puedo dar su ubicación aproximada. Miles y miles de veces he repasado el mapa, rehaciendo mentalmente el camino andado hace ya tantos años. Para quien se interese en investigar la verdad de mis dichos o tenga inquietud por descubrir los secretos de una civilización que aparentemente nada tiene que envidiar a los mayas, a los aztecas ni a los egipcios, voy a dar una referencia que supera toda ambigüedad: si trazamos una línea recta imaginaria uniendo Camarones con Trevelín y otra similar entre Chimpay y Colonia Sarmiento, donde se produce la intersección de ambas, no estaremos lejos del lugar. En cuanto al camino a tomar, lo más indicado es, desde la Ruta Tres, internarse hacia el oeste en las inmediaciones del camino que lleva a Sierra Cuadrada; luego, buscar el punto indicado por las coordenadas antedichas. Lo ideal es ir en primavera, aunque en otoño debe ser también espectacular y asombroso.
Mary tomó un par de hojas de heliantemo, las unió con algunas semillas de la misma especie e introdujo esa armoniosa mezcla verde amarillenta en una bolsita de tela también verde, pero mucho más intenso, con ornamentos rojos; luego ató todo con un cordón dorado y lo guardó en un rincón íntimo y secreto.
Aunque Mary vivía en la distante y marginal Patagonia, en una de esas desmesuradas propiedades llamadas estancias, todas las navidades repetía el mismo rito, continuando con la tradición de su madre, de su abuela y de quién sabe cuántas generaciones en la vieja Inglaterra; esto traería fortuna y prosperidad. También traería salud, ya que para los griegos el heliantemo estaba dedicado a Esculapio el curador y Mary, por ascendencia paterna, era precisamente griega.
Kazantzaki decía que no hay una sola gota de sangre griega antigua en los griegos modernos, pero el mismo Kazantzaki dijo y se desdijo de esto constante y alternadamente a lo largo de toda su vida; en todo caso el padre de Mary vivió orgullosamente en la conciencia de su origen, como si fuera el heredero único y universal de la Grecia clásica.
El marido de Mary, John Sykes, fumaba a un costado del hogar - en ese momento apagado, dado que en estas latitudes del mundo la navidad llega en verano - vacío y oscuro como una gran boca desdentada, abierta y de helado aliento. El humo de la pipa iba invadiendo la atmósfera con un atrayente olor a tabaco high quality, traído especialmente para "Mister John", como solían llamarlo, desde una exclusiva tabaquería londinense.
Marido y mujer, rara vez discutían de política; John era tory, mientras que Mary prevenía de una familia de whigs, profundamente arraigada a sus creencias y tradiciones.
Tampoco la religión era tema de debates. El era anglicano y ella católica conversa, a pesar de que el anglicanismo de John era mas bien proclamado y folclórico, dado que, como hombre paradigmático de esta nueva civilización, fruto y causa del progreso, oriundo del país donde se gestó la revolución industrial, consideraba como su deber y obligación el no sentirse atado a esas retrógradas fruslerías; adhería sólo a lo científico, a la manera tan propia de los últimos siglos, en que la ciencia se convirtió en una religión tan dogmática como aquellas a las que desprecia.
Pero, como ya he dicho, de todos estos asuntos hablaban poco o nada; con esa flema natural de los británicos, mas bien gastaban su tiempo ocupados en quehaceres, que no en vanos debates.
Había momentos de inactividad, como éste, pero aún en esos momentos predominaba el silencio. Aunque Mary no lo decía, disfrutaba de la callada y simple presencia de John, así como del balsámico aroma, profundo y amargo, que despedía su pipa.
En ese preciso momento, llegó Nahuel para interrumpir esa idílica paz hogareña con la novedad de que una inmensa manada de guanacos había invadido el campo en su paso hacia el sur y había secado todas las aguadas. Había que hacer algo con premura si se quería salvar la hacienda. Esta sed inagotable de los camélidos, sumada a la voracidad de los zorros y los pumas y a la crueldad de las extemporáneas heladas mantenían en una lucha permanente y desigual al abnegado poblador: lucha universal entre lo autóctono y lo implantado; lucha a la manera de David y Goliat, contra las siete plagas de Egipto y el monstruo de Tasmania juntos. Por suerte para la historia, estos pobladores eran esforzados gallegos, tanos y gringos, que nunca supieron de desfallecimientos.
El campo era tan extenso que gran parte de la hacienda no llegaba jamás a los molinos; las aguadas secas serían la muerte segura para esos trashumantes rebaños de generosos vellones albos.
Mister John, de mala gana, dio una última pitada a su humeante y aromática pipa, elegante, marrón y de boquilla negra. No necesitaba decirle nada a Mary; ella había escuchado al peón tanto como él; sólo se levantó y salió tras los pasos de su fiel empleado de tantos años. Mary, en una reacción casi automática, corrió a su habitación, se desvistió rápidamente, se calzó un pantalón y sus botas de montar, una camisa escocesa y un grueso suéter de lana y trilló los pasos de su marido.
En la caballeriza se encontraron; su yegua tenía ya la montura y el apero colocados, esperándola. Los dos hombres ya montaban sus briosos corceles, puro nervio y energía. Mary, por su parte, montó a Candy y los tres salieron en apresurado galope, al ritmo de contrapunto de los sonoros relinchos.
El golpe de los cascos resonaba en el anchuroso silencio de esas soledades. La estela polvorienta que dejaban a su paso permitía adivinarlos desde distancias incalculables en la gran llanura; esa llanura que supo ser tierra de tehuelches, invadida por mapuches y que se extendía hasta territorio ona, donde los selk´nam se transportaban con sus canoas, como habitantes de una lejana y helada Venecia; esa llanura que conformó el Adelantazgo de Alcazaba; esa llanura de choikes mankes y pagís, con tantos misterios en sus entrañas.
Y esas entrañas devoraron a los tres. El árbol navideño quedó preparado en la gran sala, esperando ingenuamente una celebración que no llegaría nunca; la mezcla de heliantemo permanece aún en su recoleto y oculto espacio, pero esta vez sus efectos aparentemente fallaron: nunca más se supo nada de John, Mary y su fiel sirviente Nahuel.
Actualmente, la gran estancia pertenece a la corona británica, por uno de esos indescifrables milagros de los procesos sucesorios.
Qué omnímoda potestad,
Cuánta embriaguez de poder
Otorga la facultad
De elegir: ser o no ser.
(Lalo de Pablo)
Sobre este fragmento reflexionaba yo en esa mañana de otoño, rumiando mentalmente los nunca publicados versos, que siempre consideré de lo más valioso escrito por Lalo de Pablo, a la vez que la revelación más auténtica del profundo drama de su breve vida.
Hay mil motivos para el suicidio y hay también sitios más adecuados que otros para consumar ese acto póstumo y fatal. Aquí, frente a este increíble Atlántico, azul, profundo y eterno, en el sur del sur, conozco uno de los mejores lugares. El mismo Zigajna, ese fiel amigo de Passolini, me confesó que Pier Paolo hubiera cumplido su programada inmolación en estos lares si no existiera Ostia y si el esteta hubiese trascendido al místico.
De momento, es un inapreciable legado de la naturaleza destinado sólo a los privilegiados lugareños; el día en que lo descubran las masas, seguramente cambiará su destino. Sospecho que se organizarán excursiones para suicidas que tal vez hasta terminen convirtiéndose en un brillante negocio.
El lugar es la cima de un acantilado que sólo se hace visible mirándolo desde otra escarpa similar, ubicada septentrionalmente con relación a él. Se recorta en el horizonte, abrupto y señero, envuelto en una estética inigualable, formando un precipicio hacia las rocas y el agua helada, que realmente invita al salto final. Es la muerte que sale al encuentro de uno y no uno al encuentro de la muerte. Me recuerda a la jaula de Kafka que fue en busca de un pájaro.
Desde este emplazamiento, se desvanecen los motivos para perpetrar la auto inmolación, a pesar de ser seguramente innumerables y definitivas las causas aparentes. El simple hecho de habitar este rincón inhóspito, alejado de la mano de Dios, es para muchos, suficiente justificación. Pero como hay también quienes vislumbran en el hecho de vivir en este lugar su redención personal y su única vía de supervivencia, parece quedar demostrado que no sólo los extremos se tocan, sino que la misma causa puede tener efectos aún contrapuestos.
Sin duda, existen también las causas intrínsecas. Lalo de Pablo, que reflexionó mucho sobre su propio aniquilamiento, llegó a la conclusión de que el suicida no es más que un homicida egocéntrico, egoísta y frecuentemente ególatra. Como se trata de características para nada escasas entre los humanos, no es raro que existan potencialmente innumerables aspirantes.
El mismo de Pablo, a pesar de todo, no dudó en materializar su planeada autodestrucción. En el escrito que dejó como testimonio, atribuyó el hecho a la imposibilidad de comunicarse con el mundo y con sus semejantes. Su recién inaugurada adolescencia nos privó de futuros y probables escritos, pero quiero transcribir su ópera póstuma, porque nació precisamente en este escenario. La tituló Incomunicación:
En una playa desierta,
Mil calaveras mortales.
Nubes negras en el cielo,
Olas de furia en el mar.
Y en mi cuerpo, hambre y sed…
Deshidratación brutal.
Gritos ensordecedores
Que el agua grita en las rocas;
Soledad desgarradora
De cadáveres humanos.
El cuerpo se desvanece…
Tiemblan sin fuerza las manos…
Ni un sol triste que me alegre,
Ni un pájaro que me cante,
Ni un corazón que me hable…
¡Soledad que vuelve loco!
Y mi cuerpo, enfermo y débil,
Va cediendo poco a poco…
Gris tristeza de una tarde
Sembrada de calaveras.
¡Incomunicación re-cruel!
¡Suplicio peor que el hambre!
…En la playa triste y gris
Yace ahora otro cadáver.
De estos versos postreros de de Pablo puedo deducir que tal vez ya antiguamente el acantilado despertaba ese secreto y oscuro impulso exterminador, de lo contrario sería difícil justificar la cantidad de calaveras que inundaban la playa; la historia no registra allí ninguna batalla que pudiera explicarlo ni los indígenas del lugar tenían por costumbre establecer los cementerios junto al mar, sino en lo alto de la meseta, los llamados chenques.
De todas maneras, la humanidad toda es muy propensa al suicidio. Regresando a Kafka, para el Quijote el suicidio era una importantísima proeza, pero, ya muerto, necesitaba de un espacio viviente para lograrlo. Los sucesores del Quijote, necesitamos una víctima. Contra lo que es común creer, el suicida es victimario; las víctimas son su prójimo; víctimas de una cruel y feroz venganza, que los aniquila sin siquiera tocarlos.
De Pablo estaba, a todas luces, muy enamorado de la muerte, cualidad tan habitual entre los adolescentes como entre las naturalezas sensibles en demasía; sus versos son casi empalagosos en ese sentido. Tal vez ello encuentre explicación justamente en su mentada adolescencia de aquellos días, que se manifiesta también en la inmadurez literaria de sus versos, pese a la cual quise transcribirlos en forma literal (aunque en fragmento), porque creo que su clima logra abrir una ventana al alma del autor en ese instante en que ya había decidido su destino.
¿Sería la soledad la verdadera causa de su decisión, o fué víctima del hechizo que el enorme promontorio ejerce sobre quienes osan establecer allí su atalaya para indagar el universo?
Esta inquisición me persiguió durante largo tiempo, hasta que caí en la cuenta de que en este escenario toda causa pasa a ser subalterna; en realidad, el impulso surge como ineluctable necesidad de satisfacer un hecho estético, trascendente e irrepetible, definitivo e irrevocable.
En mi caso particular, hubo un solo argumento capaz de refrenar mi impulso en el instante final, y fue la conciencia de que no podemos manipular el ser o no ser; simplemente, no podemos renunciar a ser, sólo podemos decidir sobre el estar o no estar.
Recuerdo que escribí ese día en mi diario:
"…El aire duro del mar golpeó mi cara, / oxigenó mis poros. / Las olas golpeaban las rocas / en la lejana profundidad. / Percibía el sordo ruido de esa música brutal. / La lucha interior continuaba…/ Me di cuenta en ese instante / de que me sería imposible dejar de ser. / Apenas, conseguiría dejar de estar. / Y además, después de todo, / siempre habría tiempo…".
Cumplido este rito íntimo de introspección, se abortó el intento en su mismo impulso inicial y me quedé mirando el infinito desde el acantilado imponente y sobrecogedor.
Desde entonces, la posibilidad del suicido es lo que me mantiene vivo. Frecuento los escritos de suicidas famosos, desde Hemingway hasta Pablo de Rokha, pero por sobre todos me interesan los suicidas frustrados, porque sobrevivieron al intento y son los que mejor testimonio pueden dar de la experiencia previa y posterior. Entre ellos, mi favorito es Gauguin, que hizo una obra de arte de su vida y de su muerte, y que realizó uno de los intentos más interesantes y coloridos de la humanidad, desde la elección del escenario hasta la forma, el método y el desenlace.
Mientras tanto, dejé de visitar el acantilado, hasta que sienta la ineludible y fatal necesidad de hacerlo.
Los buenos vinos y los cuentos comparten una suerte análoga de aromas y sabores. Resulta encantador ese olor misterioso y ese sabor a mito lejano e inaccesible que envuelve a los cuentos añejos, atemporales. Opuestamente, resultan tediosas las historias referidas a un pasado tan flamante que se esconde apenas a un palmo de nuestra contemporaneidad; huelen a simple lectura de diario o, peor aún, a ominosa e indeseada lección de historia.
También debe ser verdad, si Borges no se equivoca, que "solamente los países nuevos tienen pasado" (Evaristo Carriego - Palermo de Buenos Aires), por lo que no tengo reparos en relatar esta historia que me fuera confiada en una noche de vigilia, en la trasnochada semipenumbra de un bar y al calor de un porrón de ginebra. Está referida al pretendido fundador del pueblo1 que me vio nacer hace ya tantos años.
Según me aseguró el confidente, los manuscritos y crónicas de viaje atribuidos a don Francisco Pietrobelli son apócrifos, compartiendo tal suerte con el propio génesis e identidad del autor. Su origen piamontés es apenas circunstancial; sus padres venían del Friuli y ya a sus antepasados habíanles modificado el nombre de familia. Eran eslovenos del Véneto y su abuelo se llamaba Peter Beli (traducido literalmente, Pedro Blanco).
Su bisabuelo había sido alcalde de una de esas vecindades (sosednje) que fueran modelo de comunidad autogestionaria a orillas del río Natisone en el siglo XVIII. Una vez al año, se reunían los alcaldes de la región para discutir cuestiones de estado alrededor de una gran mesa de piedra, a la sombra de un robusto tilo. En 1805, los franceses irrumpieron con sus tropas invasoras, destruyendo tanto la organización política de los Landar como sus mesas y sus tilos. No obstante, el subsiguiente dominio napoleónico, que duró hasta 1813, trajo un gran auge cultural al flamante dominio francés – denominado Provincias Ilíricas - que se extendía desde el Tirol hasta Dalmacia, con capital en Ljubljana. La presión tributaria, en contrapartida, se hizo insostenible; había que financiar las aventuras militares del Gran Corso. Derrotado éste, la región se volvió a anexar al Imperio Austríaco de los Habsburgos y, muchos años después, pasó a formar parte de Italia. Nunca más fue ni autónoma ni eslava.
Despaciosamente, la comarca se fue colmando de pobladores venidos de las regiones italianas vecinas. Con el tiempo arribaron también gentes subsidiadas, provenientes de otras regiones más lejanas de la península, llegando a superar en número a la primigenia población eslovena, lo que produjo un superestrato cultural en toda esa parte del litoral Adriático y el interior adyacente, zona de exquisitos vinos y frescos olivares.
Fue en ese tiempo, que se modificaron muchos nombres de lugares y personas. Trst se convirtió en Trieste, Videm en Udine, Grad en Grado y así adelante. De la misma suerte, rebautizaron a Peter Beli, logrando una síntesis – Pietrobelli - que se convirtió en apellido para su descendencia.
Pero volvamos a la Patagonia y al relato que nos entretiene. Pietrobelli trabó profundo conocimiento y algo parecido a la amistad con los caciques pehuenches y tehuelches de la región. Me refiero a algo sólo parecido a la amistad, porque los aborígenes jamás harían amistad verdadera con un representante de los usurpadores, sin menoscabo y no obstante la simpatía que pudiera inspirarles a título singular y personal; es una ley de la sangre que aún se corresponde con el antiguo principio de hospes hostis2. Sin embargo, salvo alguna transcripción literal de los extensos conciliábulos celebrados, los manuscritos genuinos de don Francisco habrían sido sustituidos por un relato nuevo y distinto, recreado a manu servus3 y, por supuesto, conveniente a la versión oficial de la historia. Los originales, amén de sus crónicas de viaje, contenían datos siniestros y condenatorios sobre hechos atroces ocurridos en la Patagonia en las postrimerías del siglo XIX. Pese a constituir un secreto muy mal guardado, pocos son los que se han animado a escribir sobre estas atrocidades y aún lo publicado echó más sombras que luces sobre la historia, contribuyendo al ocultamiento de la verdad verdadera.
Un dato clave de la verdad sería que Pietrobelli no llegó a ver jamás el Golfo San Jorge. En vida, sólo llegó al valle de la actual comuna de Sarmiento, que lo deslumbró con su virgen potencial, tan parecido a la campiña de sus ancestros en la añorada llanura del Po, fértil enclave entre los Apeninos y los Alpes.
Al llegar a Sarmiento, Pietrobelli estaba ya muy enfermo, preso de una extraña fiebre que lo mantenía postrado en su campamento, a pocos pasos del río. Cierto día, el toqui4 Painefilu – del linaje de los Calfulcurá - enterado de su enfermedad, le envió a su propia curandera y pitonisa, una Machi5 de mirada ausente y piel ajada cual añoso papiro; engañadora del Gualicho6 y conocedora de las palabras vedadas; ni los más ancianos sabían adivinar su edad.
Llegó con una corte de lanceros, pero demasiado tarde; el expedicionario ya agonizaba abrasado por un fuego cruel y devastador. Ella, con su profunda y misteriosa sabiduría, reconoció claramente los signos del apocalipsis personal de aquel portentoso aventurero, que supo ser un roble hasta esos días.
De los co-expedicionarios de don Francisco quedaban en el campamento apenas cuatro. Un par de ellos había regresado a Gaiman; algunos pocos habían muerto durante el viaje. Entre los que quedaban, más el séquito de la vieja india, incluídos ésta y el moribundo, sumaban once almas. Con uno más, podrían parodiar con mediano éxito a los confundidos apóstoles de la última cena, pero el que faltaba aquí, a todas luces, no era Judas.
Una vez muerto el caudillo, la permanencia en el lugar perdió sentido, pero nadie atinaba a hacer nada: ni a levantar campamento, emprendiendo el regreso, ni a comenzar alguna actividad con miras a afincarse en el lugar. Los indios, pragmáticos y supervivientes, vieron en la inmensa cantidad de vituallas que había en las siete enormes carretas, una posibilidad de aprovechamiento para los suyos; entonces, los blancos se convirtieron en un estorbo.
A Pietrobelli lo embalsamaron en medio de un ritual en el que ofició de sacerdotisa doña Heka Guennake, tal el nombre de la hechicera. Sus condiciones chamánicas le previnieron acerca de la intención de los lanceros de matar a los expedicionarios: lo supo en un sueño, como todo lo que sabía. No me fue revelado si intentó impedirlo; de todas formas era tarde. Ya los aborígenes habían perpetrado el sangriento hecho, del que sólo Blas Cancler ("Cruento Sur", cap.23) da testimonio.
Heka no los amonestó, dado que, de acuerdo al pensamiento fatalista de su cosmografía, carecía de sentido la pretensión de influir sobre los hechos, así como ensayar conclusiones morales sobre los mismos. Menos aún, juzgar lo consumado (si ocurrió, es porque así debía ser). Para ella, sólo se podía obrar sobre el presente y, aún ello, por intercesión de los dioses y no mediante la libre voluntad: las criaturas seríamos simples actores en una compleja obra escrita, dirigida y montada para escena por los dioses y sus sirvientes. Tal, su rudimentaria teología.
Los cuerpos sin vida fueron arrojados al río, dado que, al no pertenecer a la raza, no les correspondía la sepultura según la usanza moluche. En cambio don Pietrobelli corrió distinta suerte. Los indígenas daban a los jefes de otros grupos un tratamiento similar a sus pares; esto formaba parte de su protocolo y reglas del ceremonial. La vieja tomó el mando (que por otra parte siempre había tenido, con excepción del hecho de sangre relatado) y dispuso que a don Francisco lo sepultaran mirando al mar y al oriente, dado que de allí provenía. Así fue, que llegó el expedicionario a la costa atlántica, pero ya sin vida, cual añoso árbol que se ha talado y que servirá ahora para otros propósitos.
El viaje hasta el mar fue breve; apenas tres jornadas. Cuando llegaron, los dioses les regalaron un día luminoso y diáfano, con ese mar intensamente azul que sólo puede verse en estas latitudes. La vista desde el acantilado era extasiante. A Pietrobelli lo enterraron de pié, al lado de su caballo, en lo más alto del Chenque7, mirando hacia el noreste.
Apenas consumada la inhumación, se desató una tormenta infernal de vientos huracanados acompañados de lluvia y nevisca, que duró tres días con sus tres noches.
Al cuarto día, los aborígenes decidieron regresar a sus pagos, con el tranquilizador sentimiento de la misión cumplida. Camino de regreso hacia el Neuquén, levantaron el campamento que habían dejado a la orilla del río Chubut, llevándose una verdadera riqueza en vituallas y ropajes de las siete generosas carretas que habían pertenecido a la expedición.
Painefilu no fue informado de los pormenores y como jefe prudente, sabio y veterano, tampoco preguntó. Sólo se interesó por la salud de Pietrobelli. Todo lo demás, quedó escondido tras la sonrisa enigmática y arrugada de la hermética sacerdotisa de piel de papiro y ubicua sapiencia. Painefilu sabía que ella al menos había estado a la altura de las circunstancias. Por otra parte, lo acaecido llegaba a ser apenas una sombra, un pequeño detalle en el proceso de devolución de favores a los blancos por todas las tropelías, tan cercanas al genocidio, de las que habían sido víctimas. Sabríamos más acerca de ello, si los escritos originales de Pietrobelli no se hubieran perdido.
La ausencia de noticias en Rawson motivó que los dos miembros originales del grupo colonizador que habían vuelto a Gaiman, regresaran ahora al valle del Senguerr. Inútilmente buscaron a sus compañeros y a su jefe. Ante la extensa e infructuosa búsqueda, terminaron afincándose en el lugar y es recién a partir de entonces que comenzaron las acciones de asentamiento.
Pronto se hizo imperiosa la búsqueda de un puerto marítimo como salida para los productos del fértil valle. Curiosamente, no hay precisiones sobre esta parte de la historia, tan actual como anónima. Ni siquiera se conocen los nombres de los dos fundadores; sólo sabemos que realizaron el proyecto trunco que Pietrobelli no pudo concluír, a pesar de que se le atribuye su consumación. Algunos, tal vez malintencionados, insisten en que el vacío se debe al analfabetismo de estos pioneros. Otros dicen que no había tiempo para registrar los hechos porque los acontecimientos se producían en una vorágine que sólo dejaba tiempo para la mera y elemental subsistencia.
Pero esas son discusiones marginales. Una vez más, la historia demuestra aquel arcaico principio de que la fuerza creadora está en el deseo y la intención, aunque sean inconscientes, potenciales y futuros; el resto, son simples herramientas.
Mirando a la luz de la proyección de nuestros planes y su cristalización extemporánea, sabemos hoy que, de haber vivido, Pietrobelli hubiera buscado una salida al mar y hubiera fundado un asentamiento a sus orillas. Algo se interpuso para que no fuera así, pero lo revelado, lo que trascendió, fue lo que debía ocurrir porque estaba programado en una mente, como todas, portentosa. Por otra parte, es sabido que la memoria cósmica sólo puede contener las líneas esenciales del devenir, no así las circunstancias. Si Pietrobelli debía fundar la ciudad, entonces la fundó: tiempo, espacio, corporalidad, son ajenos a la esencia de los hechos y totalmente intrascendentes e ineficaces.
Notas:
1. Comodoro Rivadavia, Patagonia Argentina.
2. (= “extranjero, enemigo”) Locución latina que indica que todo extranjero es, en esencia, enemigo.
3. (= “con mano de siervo”) Locución latina; expresión con que se califica lo escrito con motivos mercenarios.
4. Cacique.
5. Chamán, curandero/a.
6. Espíritu del mal, también llamado Huecuvoé ("el viejo que merodea por fuera"), hermano del Chachao ("padre de la gente"). Ambos representan la bipolaridad mal-bien en la concepción de la deidad mapuche.
7. Chenque = cerro a cuyo pie creció la población de Comodoro Rivadavia. En lenguaje autóctono significa “cementerio”; para nosotros es “cementerio de indios”.
SONETJE NESREČE 1
O Vrba! srečna, draga vas domača,
Kjer hiša mojega stoji očeta;
Da b' uka žeja me iz tvojga sveta
Speljala ne bila, goljfiva kača!
Ne vedel bi, kako se v strup prebrača
Vse, kar srce si sladkega obeta;
Mi ne bila bi vera v sebe vzeta,
Ne bil viharjov notranjih b' igrača!
Zvestó srce in delavno ročico
Za doto, ki je nima miljonarka,
Bi bil dobil z izvoljeno devico;
Mi mirno plavala bi moja barka,
Pred ognjam dom, pred toče mi pšenico
Bi bližnji sosed varoval svet' Marka.
SONETOS DE LA DESDICHA 1
Prevod / Traducción: Lorenzo Strukelj
Vrba feliz, pueblo natal amado
Que dejé atrás por un banal... ¿qué soy?
Mi vida entera yo daría hoy
Por no haberte jamás abandonado!
Ahora no sabría del veneno
Que bebe el corazón que anhela miel,
Confiado en mí, a mis principios fiel,
Y a los tormentos íntimos ajeno.
Corazón puro y manos hacendosas
Me legarían un feliz destino,
Con la elección de mi adorada esposa;
Al vendaval ajeno iría mi barco,
Protegidos mis bienes y mis cosas
Por los buenos vecinos de San Marco.
KAM ?
Ko brez miru okrog divjam,
Prijatlji prašajo me, kam?
Prašajte raj' oblak neba,
Prašajte raj' val morja,
Kadar mogočni gospodar
Drvi jih semtertje vihar.
Oblak ne ve, in val ne kam,
Kam nese me obup, ne znam.
Samo to znam, samo to vem,
Da pred obličje nje ne smem,
In da ni mesta vrh zemlje,
Kjer bi pozabil to gorje.
¿ADÓNDE?
Prevod / Traducción: Lorenzo Strukelj
Viendo mi frenético ambular,
Me preguntan mis amigos, ¿dónde vas?
Pregunten mejor a una nube,
Pregunten a una ola del mar,
Esclavas de los caprichos
De una tormenta infernal.
Ola, nube y yo ignoramos
Ciegos y perdidos, dónde vamos.
Sólo se, con prístina certeza,
Que me está vedado el ver su rostro
Y que el mundo no alberga en sus entrañas
Lugar donde olvidar pena tamaña.
CROQUIS
Janez Menart
Kavarna. Miza: marmor, mrzel, siv
- Življenja otipljiva prispodoba -.
V kozarčku konjak; nizko izpod roba;
In lužica tam, kjer se je polil.
Prst čopič je in lužica paleta;
Lenobno rišem: hišica, drevo,
Nad hišo sonce, klopica pred njo
In roža, ki ob roži se razcveta.
In še stezica, ki drži od hiše
In lepa žena, ki med rože leže…
A v tem natakar vljudno predme seže,
Pobere vse in mizico pobriše.
In gledam ga, kako svoj pladenj nosi,
Kako opleta sem in tja s prtičem
In skoraj žalostno za njim zakličem:
"Gospod natakar, še en konjak, prosim!".
CROQUIS
Prevod / Traducción: Lorenzo Strukelj
Un bar. La mesa. El mármol gris, helado,
Espejo de la vida monocorde;
La copa de cognac casi hasta el borde
Y un charco donde aquél se ha derramado.
Pincel el dedo, el charco es la paleta;
Dibujo con desgano: una casa, un pino,
Sobre la casa el sol, un banco en el camino
Y una flor bella, que a otra flor inquieta.
Un sendero que se aleja en un recodo
Y una mujer, jardinera diligente…
De pronto, el mozo se acerca gentilmente,
Limpia la mesa; desaparece todo.
Observo al mozo: su inmaculada ropa,
La gracia de una seña de su mano
Y suena triste mi lúgubre reclamo:
"¡Por favor, mozo, sírvame otra copa!".
Kje je tisti poštenjak
ki ga omenja Trstenjak?
Vrnitev
Lorenzo Štrukelj
Po tebi hrepenim; kje si, slovenska duša,
slovensko tí srce, slovenstva jedro?
ki sem te opazoval daleè na obzorju,
kot tisto toplo, drago, nedosegljivo dednost,
na drugi strani obale, ob drugem daljnem morju,
in te dosegel šele v poznem popoldnevu,
ko se že bliža mrak, in vid me vara .
A si bila samo hipna iluzija?
A si bila samo optièna prevara?
Komaj lastovka poletna si res bila,
a umrljiva cvetlica le, nemara?
Kje tvojih nežnih je nageljev naivnost,
kje tvojih nakel je tista pridna pridnost?
Kje tisti vdih, ki je pesnike prevzel,
kje tisti narod, ki Prešeren mu je pel?
Kje tista vera, ki je cerkvice gradila,
in kje zvestoba, ki v presežnost je verjela?
Kje tista množica, ki je delala in molila,
in ki pri trdem delu je še veselo pela?
Le še imetje in premoženje te navduši
in bolj bogate zavidaš jih sosede,
niè te ne moti praznota v prazni duši
èe te oèarljivo z zlatninami pretrese.
Kakšno strupeno snov si dolgo èasa pila,
da ti je srce in dušo posušila ?
In kdo je dal ti hrano tol'k strupeno,
da živeti ali umreti ti je vseeno?
Reke bratovske krvi… izgon toliko ljudi…
Grenke ure zgodovine… A so bile le zaman?
Zakaj poti ne najdeš do res iskrene sprave?
Do danes le vse kaže, kot da ne bi vedla kam.
A mene siv obup nikakor ne premaga,
in trmasto bom v svoji globoki veri vztrajal;
zaupljivo bom doèakal bodoèo oživitev
lastnosti in vrednot, ki so slovenska slava.
Odkopal in prebrskal bom svoje korenine,
saj mi ne bo težkó, dokler bom še moèan…
In ker èas teèe hitro, in tudi hitro mine,
tej ljubi rodni grudi, moje kosti predam.
SREČKO KOSOVEL
Ekstaza smrti
Vse je ekstaza, ekstaza smrti !
Zlati stolpovi zapadne Evrope,
Kupole bele - (vse je ekstaza!)-
Vse tone v žgočem, rdečem morju;
Solnce zahaja in v njem se opaja
Tisočkrat mrtvi evropski človek.
- Vse je ekstaza, ekstaza smrti. -
Lepa, o lepa bo smrt Evrope:
Kakor razkošna kraljica v zlatu
Legla bo v krsto temnih stoletij,
Tiho bo umrla kot bi zaprla
Stara kraljica zlate oči.
- Vse je ekstaza, ekstaza smrti. -
Ah, iz oblaka večernega (zadnjega
Sla, ki oznanja Evropi še luč!)
Lije kri v moje trudno srce,
Joj in vode ni več v Evropi
In mi ljudje pijemo kri,
Kri iz večernih sladkih oblakov.
- Vse je ekstaza, ekstaza smrti. -
Komaj rojen, že goriš v ognju večera,
Vsa morja so redeča, vsa morja
Polna krvi, vsa jezera in vode ni,
Vode ni, da bi pral svojo krivdo,
Da bi opral svoje srce ta človek,
Vode ni, da pogasil bi z njo
Žejo po tihi, zeleni, jutranji prirodi.
In vse je večer in jutra ne bo
Dokler ne umremo, ki nosimo
Krivdo umiranja, dokler ne umremo
Poslednji…
Joj, v to pokrajino, še v to,
Solnce večerno, boš zasijalo
S pekočimi žarki? Še v to?
Morje preplavlja zelene poljane,
Morje večerne, žgoče krvi
In rešitve ni in ni,
Dokler ne padeva jaz in ti,
Dokler ne pademo jaz in vsi,
Dokler ne umremo pod težo krvi.
Z zlatimi žarki sijalo bo solnce
Na nas, evropske mrliče.
Extasis de muerte
Prevod / Traducción: Lorenzo F. Strukelj
¡Todo es éxtasis, éxtasis de muerte!
¡Oh, torres doradas de Europa, decadente!
Oh, cúpulas níveas (¡éxtasis total!)
Un hirviente caldo de rojos es el mar.
Se embriaga de ocaso con el sol que muere,
El hombre europeo, ya muerto mil veces.
- Éxtasis total, éxtasis letal. -
¡Qué bella imagino la muerte de Europa!:
Cual reina en oropeles, rodeada de pompa
Yacerá en la oscura tumba de los siglos;
Morirá en silencio como si cerrara
Sus dorados ojos, una reina anciana.
- Éxtasis total, éxtasis letal. -
Una nube púrpura y ardiente en el ocaso,
(El último rayo de luz para Europa)
Baña de sangre mi hastiado corazón.
Y ya no queda agua; no hay agua en Europa
Y ya bebemos sangre los hombres de estos días,
Sangre de unas nubes dulces y tardías.
- Éxtasis total, éxtasis letal. -
Recién nacido, ya ardes en las llamas del final,
Los mares están rojos, colmados de sangre,
Los lagos, sin agua, son lagos de sangre;
No hay agua que lave las culpas del hombre,
Su sucio corazón; que limpie su nombre.
No hay agua que sacie la sed devoradora
De una nueva vida y una fecunda aurora.
Ya todo es ocaso y no habrá mañana
Hasta que no muera el último culpable
De tamaño crimen
Y no quede nadie…
¿También sobre esta tierra, sobre ésta también,
Arrojarás ardientes, sol del ocaso,
Tus rayos letales? ¿Sobre ésta también?
Un sangriento mar, ardiente y postrero
Inunda la campiña, verde, vegetal…
Ya no hay salvación, criminal raigambre,
Hasta que no caiga el último mortal,
Hasta no caer también nosotros dos
Bajo el peso denso de este mar de sangre.
Y el sol derramará su rayo postrero
Sobre nuestro yerto cadáver europeo.
Hay muchos escritores que leo con deleite. Hay innumerables plumas que me sacian de arte.
Vladi Kociancich es una escritora exquisita. Pero confieso que la he comenzado a gustar aún más cuando supe de su origen esloveno.
Aquí, algunos datos biográficos que levanté de internet:
(Además, es linda, ¿no?)
Vlady Kociancich nació en Buenos Aires en 1941. Desde muy temprano supo que sería escritora: "a los nueve años escribí mi primera novela policial y a los diez u once traté de vender un cuento a Billiken con la vieja fantasía de creer que alguien puede escribir un libro de la noche a la mañana y hacerse rico y famoso", dice la autora. Estudió Letras e inglés antiguo junto a Jorge Luis Borges. Fue periodista, crítica literaria y traductora. Los viajes, el gusto por la literatura anglosajona y una particular visión de Buenos Aires han signado todos sus libros, que fueron traducidos a varios idiomas. Publicó las novelas La octava maravilla (1982), Ultimos días de William Shakespeare (1984), Abisinia (1985), Los Bajos del Temor (1992, Premio Sigfrido Radaelli), El templo de las mujeres (1996, finalista del Premio Rómulo Gallegos), y los libros de cuentos Coraje (1971) y Todos los caminos (1990, Premio Gonzalo Torrente Ballester, España). En 1988 obtuvo el Premio Jorge Luis Borges, otorgado por el Fondo Nacional de las Artes. En 1998 publicó Cuando leas esta carta (cuentos).
De ella se ha dicho: "¿Cómo no envidiar la buena estrella, o el talento, de Vlady Kociancich...? El trabajo de una inteligencia rica es quizá el mejor título para invocar la alegria de vivir. (Adolfo Bioy Casares); "Vlady Kociancich es una de las mejores narradoras argentinas de estas últimas décadas. " (S. Olguín, Página/30); "Un dominio de la prosa realmente deslumbrante. " (Diario 16, Madrid); "Sensibilidad genuinamente femenina, romanticismo lúcido y desolado...un castellano, el de Vady Kociancich, depurado y acariciante, como rara vez se encuentra en nuestros días." (Qué leer, Madrid); "Una imaginación brillante y arrolladora." (Financial Times, Londres)
| Entre sus obras: |
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- Coraje (1971)
- La octava maravilla (1982)
- Últimos días de William Shakespeare (1984)
- Abisinia (1985)
- Todos los caminos (1990)
- Bajos del temor (1992)
- El Templo de las mujeres (1996)
- Cuando leas esta carta (1998)
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Uno frente a sí mismo
¿Qué es eso?
¿Desdoblarse y verse?
¿Mirarse al espejo?
Pero yo no quiero
Realizarlo así;
Quiero hacer a alguien
Tan igual a mí
Que, viendo a mi criatura,
Me pueda descubrir.
Por el camino del shamán,
Llegué al pie de la montaña iluminada.
Y me volví montaña.
Penetré la luz hasta su mismo corazón,
Al tiempo que la luz se adueñaba de mí:
¡Milagrosa con-fusión!
Se iluminaron mis ocultas entrañas
Y un fuego purificador me derretía;
En ese instante sublime, no sabía
Si yo era yo, o era la montaña.
Viví de pronto una expansión infinita
Y ya no cupe más en mí;
Algo se abultaba en mi vientre enardecido,
Pujando fuertemente por salir.
Fue entonces que mi alma estalló
En un infierno de fuego,
Liberándose del molde de mi cuerpo,
Elevándose rauda hacia el cielo.
Como siempre, después, siguió la calma.
Mis partículas, dispersas a merced del viento;
Liberada mi alma.
Comodoro Rivadavia, Julio 1991.
Nota:
Estos versos fueron escritos a seguido de una profunda relajación y como descripción de una vivencia interna experimentada en dicho estado meditativo.
Su título original era "por el camino del shamán", pero a los tres días de ello estalló el volcán Hudson, lo que motivó el cambio del título, dado el convencimiento que tengo de que se trató de una sintonización de ese hecho, al margen de las limitaciones tiempo-espacio; dicha sintonización es posible cuando ambos hemisferios cerebrales trabajan simultáneamente y en armonía, en un bajo nivel de frecuencia vibratoria (ondas alfa), en el arte también conocido como "efecto Mozart".
IMPREDECIBLE PATRIA TEMPORAL
Si esta tierra en este Sur tiene un destino,
Vocación compartida de sus hombres,
Lo verá nuestra sangre en el camino
De los siglos, los números, los nombres.
Tanta fuerza encorsetada entre las piedras
Es seguro que no puede ser estéril.
Tanta dermis con heridas tan sangrientas
Será génesis, sin duda, de lo fértil.
Tanto cielo, tanto hueco, tal vacío,
Por las mismas leyes físicas atrae
Como imán inexorable, lo excesivo:
Cuerpos, vidas y energía de otros lares.
Patagonia, tu pasado es el desierto;
Tu presente, hoy por hoy, sólo tus hijos,
Pese a todo y pese a nada aún enteros,
Como cuñas enclavados, yertos, fijos.
Tu futuro, una promesa sospechable
Que quizá serán los sueños del gran santo(1)
O tal vez un maremágnum de estandartes,
Factoría de otras voces y otros cantos.
(1) Se refiere a los sueños de Don Bosco sobre la Patagonia.
Cuando el día grita y grita
Que la luz y el sol están
Y quemarán sin piedad
Las piedras y los caminos
Y los pies del peregrino;
Que el viento será una llama
Y la sombra un espejismo
Y el horizonte una meta
Que nunca se ha de alcanzar,
Sale, vestido en pobreza,
El linyera a caminar.
Y camina largas sendas
Y duerme bajo la lluvia
Y camina... y nunca llega.
Soles y heladas,
Vientos y tempestades,
Le endurecen la piel;
Y bebe toda esa hiel
Para llegar al final.
Y camina bajo el frío,
Y camina... y nunca llega
Y se muere sin llegar.
Y los hombres caminamos
Persiguiendo un no se qué.
(Ni siquiera lo sabemos,
Pero siempre lo buscamos)
Y caminamos y andamos
Todo el tiempo que vivimos.
Pero siempre nos sucede
-somos eternos linyeras-
Que, antes de llegar, morimos.
El frío, ayer decías, me tortura.
Y el frío es ahora tu existencia.
Tus huesos están hechos a medida
De esa caja en que ahora está tu vida.
La tierra que a paladas te arrojamos
Es desde hoy la puerta de tu casa.
Y en la puerta has dejado a tus hermanos
Que, llorosos los ojos, la miramos.
Y el frío es contagioso, te lo juro.
Lo siento ya en mis células finitas.
Mañana yo también, te lo aseguro,
Tendré una posesión allá en lo oscuro.
E iremos a reunirnos los dos juntos
Como antes, a bebernos unas copas.
Y entonces sí, seremos los difuntos
Los más grandes bebedores de estos mundos.
La piedra tapará nuestra existencia
Y los ingenuos mortales, ¡qué inocencia!
Creerán que estamos muertos a la vida.
...¡Y nosotros disfrutando la bebida!
Y estaremos, como ayer, en un abrazo,
Los dos ebrios, sonrientes y cantando;
Mientras, en larga procesión, en nuestra puerta,
Los vivos estarán, pobres, llorando.
Señor, te pido:
No me alejes del dolor;
Quiero crecer.
Sólo dame fuerza y valor
Para vencer
Y no sucumbir por él.
En este cuerpo animado,
Alma encarnada y pasión
De rojo:
Onomatopeya vital
De otros que le antecedieron,
Sólo veo carne nula
Que se pudre con el tiempo,
Que arrastra todo mi ser
Por el fango del olvido.
Se borrarán horas largas
Con el tiempo que no existe,
Que es un "ahora" eterno, inmóvil,
Como el Ser.
Un puñado de nervios y sangre
Que acumula experiencias,
Que alimenta angustias,
O finge dichas y lame hiel:
Hiel amarga de existencia,
De duras inexperiencias,
De inmadurez progresiva
De un siempre inmutable y cruel.
Con un tendal de vivencias
Putrefactas e inmorales
Ante los ojos mortales
De otra carne como yo.
Un cúmulo de fracciones
De amor y libertinaje,
De invencible ignorancia,
De negro hedor e impotencia,
De veleidad de poder.
Son los ojos de la carne
Que sólo son temporales
Y quieren ser radicales
En necias afirmaciones
Al auscultar las tinieblas
Pardas e indescifrables
Que mienten a la razón:
¡Factores de destrucción!
Más, la existencia del hombre
Es una tendencia al Ser,
Es un negar el olvido:
"Ser hombre es tender a Dios".
Esperanza azul abierta
A este rojo actual finito,
Limitado, impropio, impuro,
Efervescencia de soles,
Potencia de las potencias,
Micrométrica por hoy;
Aplastada por las guerras,
Pisoteada por los hombres,
Limitada por si misma:
Negación de libertad
Reina del libertinaje,
Descalza, tullida, manca,
Circunscripta, perseguida,
Apoteosis de pasión.
Pero hay una fuerza oculta:
"llegar a ser": LIBERACION.
Septiembre 1972
- ¿Por qué te gusta vivir solo?
- Hago lo que quiero.
- ¿Y qué sueles hacer?
- Sentirme solo.
France Prešeren
ZDRAVLJICA
Prijatlji! Obrodile
So trte vince nam sladko,
Ki nam oživlja žile,
Srce razjasni in oko,
Ki utopi
Vse skrbi,
V potrtih prsih up budi!
……………………………………
Žive naj vsi narodi,
Ki hrepene dočakat dan,
Ko, koder sonce hodi,
Prepir iz sveta bo pregnan,
Ko rojak
Prost bo vsak,
Ne vrag, le sosed bo mejak!
BRINDIS
(Fragmento: primera y séptima estrofas)
Prevod / traducción: Lorenzo Strukelj
Amigos, ya las viñas
Del vino brindan su dulzor,
Que aviva nuestras venas
Y da calor al corazón.
Sabe ahogar
El penar
Y nuevas esperanzas
En nuestro pecho despertar.
……………………………………
Salud a las naciones
Que ansían ver el día en que
De Oriente a Occidente
Ni un solo odio quede en pie.
Que la humanidad
Viva en libertad
Y las fronteras sean
Encuentro y buena vecindad.
Curiosidades:
1) Preseren escribió "brindis" obedeciendo a una métrica que otorga a las estrofas forma de copa.
2) La séptima estrofa, es la letra del Himno nacional esloveno.
LA ONTO-ENOLOGIA (o el Ser como quinto elemento)
Breve clase de filosofía por Lorenzo Strukelj
Cuando Thales de Mileto
"el ser es el agua", decía,
Anaxímedes también
Su opinión comprometía
Replicando con donaire:
"Señores, el Ser es el aire".
Para evitar discusiones,
Conflictos, cavilaciones,
Empédocles intervino
Predicando con tesón:
"los cuatro elementos son".
Y asi los cuatro elementos
(Agua, aire, tierra y fuego)
Fueron los destinatarios
Del pensamiento primario.
Pitágoras, más profundo
Y abstrayendo la cuestión,
La esencia de dicho Ser
Al número le endilgó.
Heráclito, ya nervioso
Con tanta idea distinta,
"el Ser es el cambio", dijo
Cargando en ello las tintas.
Parménides y Platón
Dieron también su opinión;
Y muchos más se agregaron
A la onto-discusión.
Viendo tantas divergencias
Sin coincidencia en un punto
Me decidí a investigar
Tan sutil y oscuro asunto.
Así, recorrí medio mundo
Preguntando aquí y allá;
Entré en todas las ciudades
En busca de la verdad.
Caminé por los desiertos
Y las estepas nevadas;
Crucé ríos, selvas, bosques,
Lagos, montañas... ¡y nada!
Luego ya de mucho tiempo
Y a pesar de tanto andar,
Seguía aun sin saber
Dónde estaba el ser del Ser.
Hasta que entré a una taberna
Que descubrí en el camino
Y allí todo se aclaró:
¡Encontré el Ser en el vino!
Desde entonces es que el vino
(Y les juro que no miento)
A Empédocles complementa,
Por ser el quinto elemento.
Hace días que no publico.
Es que tengo la computadora en "terapia intensiva".
Ante la posibilidad de perder todos los datos acumulados durante tanto tiempo, viene a mi mente la idea de la bipolaridad: poder-vulnerabilidad.
Esta tecnología, este mundo de la computación, tan poderoso, que nos conecta con todo el mundo, nos hace al mismo tiempo tan vulnerables...
Recién ahora me detengo a pensar en todos los datos que le confié, sin registrarlos en ningún otro lugar; confiando en su poder me hice vulnerable.
Otra vez con ustedes.
Largo silencio... mucho trabajo...
Y no puedo con mi genio; siempre me impongo más trabajo del que soy capaz de hacer.
No contento con mi candidatura para concejal, acepté el cargo de jefe de campaña. Para los que alguna vez estuvieron en política, ya saben lo que eso significa... trabajo las 24 horas del día; y sobre todo si lo quieres hacer con responsabilidad.
Aquí una de mis fotos de la campaña como candidato a concejal:
Mi partido es "Nova Slovenija - krščanska ljudska stranka", traducido: "Nueva Eslovenia - partido popular cristiano" (www.nsi.si). El presidente del partido a nivel nacional es un esloveno que también vivó largos años en Argentina, Mendoza; se llama Andrej Bajuk. Es economista, estudió en Mendoza, fue docente en la Universidad de Cuyo, con dos doctorados en EEUU, ocupó altos cargos en el Banco Mundial y en el Banco Interamericano de Desarrollo (antes de regresar definitivamente a Eslovenia fué su delegado en Europa, con sede en París). Fue presidente del gobierno de Eslovenia a partir del año 2000 y actualmente es ministro de economía y candidato al título de "Europeo del año".
¡Tenemos un presidente de lujo!, ¿o no?
Y aquí algunas fotos conjuntas de los 16 candidatos al concejo deliberante de Cerklje na Gorenjskem (yo ocupo el 4° lugar en la lista):


En esta foto todos miran a la cámara, mientras yo, en cambio, miro hacia al futuro...

Somos un buen equipo y espero que nos vaya bien en las elecciones, que son el domingo 22 de Octubre.
Hasta entonces... trabajo día y noche.
Un abrazo a todos.
Acabo de ver la película de Andy García.
Una obra maestra; García se inscribió en la historia del cine.
El guión, de Cabrera Infante, genial, digno de su autor.
Una película que, amén de sus méritos artísticos (fotografía, ritmo narrativo, música y danza, escenarios...), toca las fibras más íntimas del alma.
Hoy, también yo, me siento un exiliado cubano.
Y, no puedo negarlo, como efecto secundario, me acabo de enamorar de Inés Sastre.
Debes creer cuando te digo que te amo
Si cierras los ojos verás que soy sincero.
Deja que te hablen sólo tu intuición,
Tus órganos internos, tu sabio corazón
Y tu sexto sentido, que sabe ser certero.
Debes creer, porque he probado que te quiero
La historia que nos une lo asevera:
he guardado de tu alma con esmero
y elevado al éxtasis tu cuerpo...
al éstasis mayor en esta tierra!
Tu cuerpo es el mapa que mejor conozco
y tu alma el misterio más cuidado.
Te consagré mi vida: mi trabajo y mi ocio,
mi pasión intensa, mi paz y mi gozo...
No podré jamás, amarte demasiado!
Ojalá pudiera lograr
con ese corte transversal de tu rostro
un asunto de altísima intelectualidad,
para inquietar a los pensadores…
Ojalá pudiera lograr
Con ese corte cenital de tu frente
Un asunto de estética suprema,
Para inquietar a los artistas…
Ojalá pudiera lograr
Con ese corte horizontal de tu cráneo
Un asunto de honda sensibilidad,
Para inquietar a los poetas…
Ojalá pudiera lograr
Con ese corte sangrante de tu corazón,
Un asunto de extrema indiscreción,
Para inquietar mi alma...
Ojalá pudiera
amarte, ganarte, perderte...
y mantener la calma!
¡Finalmente!
Después de varios años de esperas, postergaciones, imposibilidades y otras circunstancias, finalmente puedo realizar el viaje para visitar a mi madre y a mis hermanos y amigos. Destino final: Argentina; primera escala: Madrid.
Llegué así a la hermosa capital española y desembarqué en la casa de mis queridos amigos: María Vilagut, su esposo Carlos Calabrese (primero la dama y luego el varón, como corresponde a un caballero español) y sus hijos Alberto, Nuria, Bárbara y Javier (por edad, en forma decreciente, para que nadie se ofenda).
Así, a pocos metros de la calle de Alcalá, comienza mi periplo español.

Y aquí están... casa y puerta. Una puerta ya de por sí hermosa, por eso la fotografié, pero sobre todo la puerta que se me abrió a un cálido hogar, donde pasé momentos preciosos disfrutando de la amistad, la hospitalidad y las interesantes charlas; donde me sentí como en casa y donde volveré siempre que pueda (¡¡ mientras me aguanten, por supuesto !!).
El viaje a la Argentina, después de 8 años (¡parece mentira!) me trajo satisfacciones que es prácticamente imposible de describir: el reencuentro con mi madre y mis hermanos/as, mis sobrinos y sobrinas; todo ese baño de amor familiar, de indecible y profundo gozo.
Luego, el reencuentro con viejos amigos, que son también como hermanos; en Buenos Aires, Pujato (Santa Fé), Córdoba, Comodoro Rivadavia, Trelew, Puerto Madryn, y mi ahijada con su familia en Neuquén.
Regresé con el corazón y el alma henchidos.
Pero hubo una satisfacción adicional: revisando las innumerables cajas de cosas dejadas, me encontré con algunos de los escritos "de infancia y adolescencia", algo en poesía, algo en prosa.
Son escritos que se salvaron de mi constante, persistente y sistemática acción destructiva; significa que al menos en parte me convencieron, por lo que decidí dejarlos con vida (tal vez para pulirlos o re-escribirlos más adelante, lo que en algunos casos efectivamente hice).
Sin embargo ahora, a la distancia, veo que no están tan mal para ser cosas escritas principalmente entre los 15 y los 20 años. En general, dejan traslucir esa búsqueda de entonces de los ocultos por qués, del dolor y la alegría de crecer, de asomarme a la existencia, de la angustia existencial....
Y se ve también, precisamente, que leía en esa etapa mucho a los existencialistas; recuerdo que me apasionaban, Sartre, Camus... Sobre todo los "Carnets" de Camus, los leí y releí decenas de veces.
Por todo lo dicho, me decidí a publicar aquí esos escritos, sin correcciones ni agregados; tal cual los escupió mi pluma de entonces. Lo iré haciendo por partes, hoy va la primera. En algunos hasta figuran el lugar y la fecha (en tal caso, los consigno).
Yo los disfruté al releerlos, porque me descubrieron a un Lorenzo, Lalo de Pablo, que conocí alguna vez y que fué parte de mí...
EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA
Un amor para nacer,
Una sombra para estar,
Un soplo para existir
Y una vela para ver.
Un cariño para amar,
Una verdad para creer
Y alguna mentira a veces
Para poder desconfiar.
Vino para beber
Y un pan para subsistir;
Una riña para odiar,
Un verso para cantar
Y una luz para morir:
Sólo esto necesitamos
Los hombres para vivir.
PARTIR ETERNO (Bs.As. 20.02.72)
Es una luz ya difusa
Que va desapareciendo,
Que se esfuma... y ya no está.
Latidos acelerados
Dejan horizontes viejos
Y le salen al encuentro
A vivencias ya cercanas;
Ya cercanas pero extrañas,
Misteriosas...
Miedo de las caras nuevas,
Temblor de esas manos frías,
Miedo de distintas cosas...
Añoranza del hasta-ahora,
De lo que fué nuestra vida,
Y ser parido otra vez
Como arrojado a los días,
Ya sin protección materna,
Sin dulces cantos de cuna,
Sin sonrisa de nodriza...
Solo bajo este sol,
Deambulando sendas nuevas,
Recordando calles viejas,
Respirando muy de prisa
Un aire extranjero y cruel.
Veleidades de fortuna
En la tierra a que llegamos.
Desconfianza hasta del viento,
De la lluvia, del calor...
Desconfianza de sí mismo:
Temor aplastante y gris.
Y corren las manecillas
De la máquina del tiempo,
Y asoma al fin un sol nuevo
Que al tiempo ya se hace viejo,
Y volverlo a abandonar
Cuando ya lo conocemos
Y vivirlo nos permite.
Y otra vez aquel partir,
Y el ciclo que se repite...
INTROSPECCIÓN (Bs.As. 18.02.72)
En este cuerpo animado,
Alma encarnada y pasión
De rojo,
Onomatopeya vital
De otros que le antecedieron,
Sólo veo carne nula
Que se pudre con el tiempo;
Que arrastra todo mi ser
Por el fango del olvido.
Se borrarán horas largas
Con el tiempo, que no existe,
Que un “ahora” eterno, inmóvil,
Como el Ser.
Un puñado de nervios y sangre
Que acumula experiencias,
Que alimenta angustias,
O finge dichas y lame hiel;
Hiel amarga de existencia,
De duras inexperiencias,
De inmadurez progresiva
En un siempre inmutable y cruel.
Con un tendal de vivencias
Putrefactas e inmorales
Ante los ojos mortales
De otra carne como yo,
Un cúmulo de fracciones
De amor y libertinaje,
De invencible ignorancia,
De negro hedor e impotencia,
De veleidad de poder.
Son los ojos de la carne
Que sólo son temporales
Y quieren ser radicales
En necias afirmaciones
Al auscultar las tinieblas
Pardas e indescifrables
Que mienten a la razón:
Factores de destrucción.
Mas la existencia del hombre
Es una tendencia al Ser,
Es un negar el olvido:
“ser hombre es tender a Dios”.
Esperanza azul abierta
A este rojo actual, finito,
Limitado, impropio, impuro:
Efervescencia de soles,
Potencia de las potencias,
Micrométrica por hoy,
Aplastada por las guerras,
Pisoteada por los hombres,
Limitada por sí misma:
Negación de libertad,
Reina del libertinaje,
Descalza, tullida, manca,
Circunscripta, perseguida,
Apoteosis de pasión.
Pero hay una fuerza oculta:
Llegar a ser. ¡Liberación!
Y ya comienzan los amores...
Cargados de pasión y de luchas interiores; de desengaños y sorpresas, de esperas y esperanzas...
De dolor carnal.
MARCIA
1. Marcia
MARCIA MARCIA MARCIA MARCIA MARCIA
MARCIA MARCIA MARCIA MARCIA MARCIA
MARCIA MARCIA MARCIA MARCIA
MARCIA MARCIA MARCIA MARCIA
MARCIA MARCIA MARCIA
MARCIA MARCIA MARCIA
MARCIA MARCIA
MARCIA MARCIA
MARCIA
MARCIA
(Es el eco de lo eterno
Que me repite tu nombre...)
2. Marcia y yo
Es el fuego celeste vital
Y en mi planeta no hay noches,
Porque sus rayos no rozan,
Porque sus rayos abrazan.
Hipersensible a su influencia
Ya no soy yo aquel que vive:
Existo participando,
Ya no estoy en absoluto.
Y me miro y no me veo
Porque sólo soy vacío,
Porque solo soy la nada,
Porque paso como un río
Y ya no me pertenezco;
Mis fibras hoy agonizan,
Mientras yo muero ella vive...
Soy río... pero río seco.
Y al ser yo limitación
Y Marcia mar sin fronteras;
Y al contemplar yo mi nada,
Mi gris, repugnante nada,
Aspiro tna sólo a ser
El feto de sus entrañas.
3. El adiós de Marcia
Marcia se fue por esos senderos
Por los que van los aventureros;
Se marchó por esas huellas largas
Que se pierden y no vuelven más;
Que fueron huellas de lágrimas mías:
Hilos de infinito,
Sendas de un adiós.
Marcia era entonces el sol que en su ocaso
Se ocultaba raudo ante mi vista gris;
Era la luz de mis días de dicha
Que me dejaba indefenso en tinieblas:
Era aquel adiós eterno
Que ya no puede morir;
Era volver al invierno,
Era volver a sufrir.
4. Marcia hoy
Pero Marcia es aún melodía lejana
Y el otoño roza mi dermis de hoy.
¡Pero, Marcia, corre!... ¿o es que no me ves?
¡Vuelve por la senda, Marcia, que aquí estoy!
Tema de mis sueños,
Bálsamo sedante,
Que en mi vida bohemia
Es faro distante
Hacia donde apuntan
Mis rápidos pasos,
Hacia donde vuelan
Mis vanas ideas,
Hacia donde huye
Mi mirada inquieta.
....................................................................................
7. Yo sin Marcia
Silencio...
Nada se oye,
No hay sonidos en la eterna noche.
No hay vida, no hay luz...
Silencio...
Sólo hay un montón de cuerpos,
Un átomo junto al otro,
Mas sin alma.
Hay sólo fibras mortales
Ya muertas,
Sin vida.
Hay flujo de sangre inútil,
Hay grito desesperado
Que ya ni un eco contesta
Con total indiferencia.
Y hay más desesperación:
Su silencio es su respuesta.
Hay voz ahogada en los montes,
Hay canto lúgubre amargo;
Casi nada ya hay al fin:
Hay lo que queda de mí.
8. Noche
Las luces ya se apagaron
Mis luces no existen ya:
Hace tiempo se anularon,
Hace tiempo que no están.
Hace frío y tengo sueño
Pero no puedo dormir,
Es algo como la nada,
Es sensación de morir.
Es estado prenatal,
Es vida vegetativa,
Es una noche eternal,
Es dolor de negativa.
9. Marcia, el regreso
Mas no era eterna la noche:
Se hizo luz en la mañana,
Salió el sol de la esperanza
Que abraza mi piel y mi boca:
Una luz que, cuando falta,
Deja todo sin aliento:
Se quiebran las piedras frías,
Mueren mis fibras vitales:
Es un caos de silencio.
Y ya estamos en la luz;
¡Cantemos un canto nuevo,
Olvidemos la distancia,
Vivamos la vida, Marcia!
Y ahora las dudas, los planteos sobre el yo y la sociedad.
La primera (Yo), vuelve a la duda existencial; la segunda, (La sociedad in situación), recuerdo que la escribí en pocos minutos, solamente para "joder" a mi hermano Pablo, que tenía mucho sueño y quería dormir, y entonces yo me colocaba al pié de su cama y le declamaba "la sociedad en situación" con toda la dramaticidad y el tono de voz requeridos, como para que no pudiera conciliar el sueño.
Las palabras tachadas (cagador y pajero) estaban en la primera versión; después las taché y las reemplacé por animal y viajero, pero en realidad no las borré sino que las taché, para que queden las dos. Ambas tienen sentido, y debe leerse alternadamente una u otra. :-))
Recuerdo que Pablo "puteaba" en la cama: ¡dejame dormir!!! mientras yo iba agregando estrofas y volviendo a leer todo desde el comienzo... lo torturé durante más de una hora (lo cual, cuando se tiene sueño, resulta una eternidad).
Me acuerdo como si fuera hoy. Era una noche de verano, y yo había estado leyendo "Donde la ciudad cambia de nombre" de (creo) Francisco Candel.
La cita bíblica final ("el que leyere entienda") la agregué después de algunos meses... (y sigo sin entender).
YO
Escribo y no sé si soy
Escribiente o escritor.
Hago versos y no sé
Si soy poeta o solamente
Simple versificador.
Estoy y no sé
Si vivo o duro.
Quiero y no sé si amo
O “me” amo.
No sé qué ni cómo soy.
Y cuando yo me muera,
No faltará alguien que diga:
- ¡qué bueno era!
Y un enemigo:
- ¡qué infeliz!
Y una amante:
- ¡qué amoroso!
Y algún súbdito:
- ¡qué cruel!
Y un superior:
- ¡qué obediente!
Y un pobre dirá:
- ¡qué rico!
Y un rico dirá:
- ¡qué pobre!
Y entonces seré pobre y rico,
Seré cruel, seré amoroso,
Seré infeliz, seré bueno,
Seré... seré... seré...
Y ni yo ni nadie nunca
Sabrá cómo ni qué fui,
Ni qué quise, ni qué tuve.
Sólo se sabrá... que estuve.
LA SOCIEDAD EN SITUACIÓN
Me zambullo en el inverosímil plagio,
Sustancia trascendente,
Existencia del cagador animal pensante:
Yuxtaposición de átomos,
Queriente... ¿ente?
Amante... ¿o ser?
Pajero viajero doliente en situación.
Zaranda psicodélica.
Querella en el revolucionado
Círculo de tu argolla:
Oprobio que sacia,
Que mata lo puro,
Con prurito dulce
En detrimento triste de tres prostitutas,
Putas
Putas
(Y la otra).
Escandalizado impúber
Ante el grave bolchevique,
Rasputín occidental,
Derrotado dictador,
Con la franja roja y roja
O quizá amarilla y roja
Pero sucia,
Hedionda,
Supraestimada y podrida.
¡Perifrástica, qué aroma!
Politismo radical,
Inmanente hipérbole,
Homogéneo grito
Del amor finito
Rito
Pito
Hito
Lito
Mito
Mito generacional
Inmortalizado,
Cuestionado,
Discutido,
Aceptado,
Rechazado,
Pero al fin inmerso
En la inútil labia
De tanto caminante (puede leerse transeúnte)
Parlante
Mas... ¿pensante?
Bálsamo sencillo,
Empírico, mutable,
Bálsamo de gloria
Notable... ¿tal vez inmutable?...
¡Falsificadores de la historia!
Hecha muerte,
Hecha memoria.
En el glúteo intrascendente,
Inmanente,
Del garante del gerente,
Quorum del senado patrio,
Hay un forúnculo rojo,
Cruel,
Sublime,
Soberano,
E, intrínsecamente,
Ubicado cabe el ano.
Me zambullo en el inverosímil
Final del gratuito plagio
Trascendente,
Radical,
Eterno...
Y luego de esto... el INFIERNO.
“El que leyere entienda” (Mt. 24, 16)
Y siguen los amores... algunos confesados, otros secretos, inconfesados...
ROSITA
Cálida atmósfera de humanidad
Hay en tu pieza:
Tibieza de carne virgen,
Mirada de fuego dulce,
Verano carnal
En tu piel y en mi piel.
Sonrisa ingenua como el agua,
Fresca como tu nombre,
Sincera como tu alma,
Verdadera como el viento.
Te quiero porque eres fiel
Sudario de mis fatigas,
Pedazo de mi existencia.
Te sueño y mi sueño es vida,
Te respiro y eres vital
Para mi subsistencia.
Eres autenticidad auténtica,
Eres como un trozo tibio
De pan casero
Hecho con mis propias manos:
Así te siento de mía,
Así te siento, querida,
Y así te quiero.
PARA VOS
Anduve pregonando mi destino:
Nihilismo total de mi existencia,
Ausencia de soles, inanidad de estar en el camino.
Murieron los instantes bajo el peso del cansancio.
Algún día - ¿existe el tiempo? – seré nada, como el tiempo es nunca;
Rezaré a nadie para pedirle todo:
Incongruencia fatal de mi destino trunco.
Así duraré en este camino inútilmente.
Pero me descubrí sustancial en tu mirada,
Ente que fundido en tí sería
Rebelión a mi destino inexistente,
Embriaguez de plenitud y vida palpitante,
Zambullida en la existencia total participada.
Corrí desesperado y el viento me frenaba,
Oí con angustia tu grito desgarrado,
Rodé por el camino, me llené de heridas que escupieron todos,
Traje conmigo sólo el ansia de que fueras mía
En cambio de que fuera tuyo en cuerpo y alma. Y un día
Sabrán los caminos que yo te amo. Sabrán que me amas y oirán nuestras risas.
PORQUE TE AMO
Porque te amo,
No puedo escribir sin tu sangre,
No puedo vivir sin tu vientre...
Porque son mi vida y mi esperanza
Tu sangre y tu vientre.
Tu cuerpo y tu alma,
Tu cuerpo animado
O tu alma encarnada,
O tú simplemente.
Quiero que tu sangre
Corra por mis venas.
Quiero tus labios en mi boca;
Quiero que seas yo
Y yo ser tú...
Quiero, en un apretón,
Fundir en uno a los dos.
Sólo entonces,
Hecho esto,
Hallaré paz.
Sólo entonces
No voy a necesitar,
Nunca más,
Nada más.
NOSTROS
Somos una sombra alegre en el espacio,
Una sola sombra, extraña y profunda.
Solamente una sombra, una sola los dos.
Amantes del amor. De nuestro mutuo amor.
No sentí jamás tal pasión, tal ternura,
Antes no amé nunca con pasión tan pura.
El volcán de la pasión nos aprisiona;
Luego se sucede la calma amorosa...
Ignorando el tiempo que pasa a nuestro lado,
Sabiendo solamente la ternura hermosa,
Abrazados, recorrerte con mi piel y mi boca,
Besar tus tiernos pechos que amamantarán nuestros hijos
El día en que florezca nuestro amor profundo
Trayendo una nueva vida a este mundo.
No sospeché jamás que yo amaría tanto
A alguien algún día en esta vida.
¡Uy! No imaginé lo que sería mi suerte,
Lo que sería desde hoy mi única bandera:
¡Amarte de este modo hasta la muerte!
CANTO AL MUNDO (Poema de victoria) – Rada Tilly, 17.03.73
Cuando viví esa soledad
Que te encargaste de engrandecer
En los instantes ennegrecidos de mi tiempo,
Escupí ternura
Como si fuera pródigo en amores.
Tragar amargo y escupir dulce
Fue entonces mi consigne.
Pero no lo advertías.
Y, entre tanto, mi nada se agigantaba
A la par de la nada en que me hallaba,
La nada que me rodeaba,
Que me circunscribía,
Que determinaba mi paso por este llano
En que fué mi existencia.
Tú reías. Yo también reía.
Pero eran risas distintas.
Entonces creí que tu risa era plena
Y la mía vacía.
Y ahora ves que la mía persiste
Y la tuya ya no existe.
Y mientras tú te revuelcas en tu inexistencia
Yo colmé la copa de la mía.
Y parecemos iguales,
Como cuando tú reías,
Como cuando yo reía...
Pero no lo somos.
Mas nadie lo sabe,
Ni siquiera tú.
Así fué nuestro destino.
Yo, que me creía inútil dentro de tí
Hoy estoy satisfecho.
Y tú, que te creías todo,
Te golpeaste en tu nada.
Y hoy lo sufres.
Paciencia.
Así debió ser
Y fué como debía.
INESCENCIA
Quisieron condicionar mi libertad,
Tu libertad,
Nuestra libertad...
Y la anularon.
Y ya no fuimos libres,
Ya no respiramos el aire que queríamos
Ni miramos el amanecer con gusto
Ni el ocaso con calma.
Sus voces estaban sobre nuestra conciencia
Como latigazos de guardián enfurecido,
Y no nos dejaron vivir profundamente
Sino tan sólo durar inútilmente.
Nos zambulleron
En la inescencia más hueca,
Pusieron letras y números de identificación
Y nos cercaron con abismos infranqueables.
Nos convencieron
(tal vez nos lo impusieron)
De que no busquemos razones,
Que no inventemos razones para vivir,
Que no tratemos de justificar nuestro paso
Por la tierra que ellos gobernaban.
E inventaron la angustia
Y nos la ofrecieron como alimento.
Y nos alimentamos con angustia
Y fuimos angustia.
Y soñamos on un sol que nunca vimos,
Con un amor que jamás tuvimos,
Con un beso que nunca recibimos.
Es que te extraño
No es que yo te sea infiel,
Es sólo que mis apremios
Son de ahora y aquí,
Mientras que tu nombre suena
A mañana y por allí.
Mañana y allí... seré todo tuyo.
Hoy huelo otras carnes
Pero pienso en tí,
Me besa otra boca
Y el gusto es a tí,
Otra seda tibia entibia mi piel,
Mas yo pienso en tí;
Escucho otras promesas
Pero te oigo a tí.
Me zambullo en el mar inmenso
De una cavidad viscosa,
Cálida, tersa, no tuya,
Pero sólo pienso en tí.
Je suis autre
Cuando tú no estás,
Y no es que te sea infiel,
¡es que te extraño!
A un "alma gemela" con la que me reencontré después de muchos años, con admiración y cariño.
Gorrión canoro del Sur,
Del lejano sur del Sur,
Tan distante y tan a mano,
Tan piadoso y tan pagano.
Gorrión frágil y atrevido,
Que con forma de mujer,
No canta con la garganta,
Canta con todo su ser.
Nos habla de los caminos
Y de las sendas del alma,
La hermandad universal,
La conciencia planetaria...
De los iguales distintos,
De los cercanos distantes,
La luz interior que nos guía,
El dolor y la alegría.
Mónica, mujer gorrión,
Voz cálida, dulce a veces,
Y a veces, desgarradora,
Carraspeante, abrazadora,
Que canta a la Pachamama
En mil dialectos distintos...
Variaciones dialectales
Del idioma Universal;
Idioma que nos conecta,
Que nos hace ser hermanos,
Que con sus sutiles hilos
Une a todos los humanos;
Hilos tenues, invisibles,
Impalpables, poderosos,
Que como tela de araña
Tejen las hebras del alma:
Nuestro hoy y nuestro sino,
El aquí y el más allá,
El jardín inacabable
Del edén universal.
Esa red se hará visible
El día en que la conciencia
Se expanda, crezca, madure,
Se nutra de la experiencia
Del saber universal,
Del amor sin condiciones,
Del abrazo fraternal.
Ella vivió este proceso,
Por eso Mónica brilla
Cual creciente luna nueva,
Observando con sorpresa
Sus pisadas en la arena.
Es un 13 de septiembre
Cuando comienza la historia
De su paso por la tierra,
De sus penas y sus glorias,
De “dime madre” y “qué pasa”,
De amor y ojos amarillos,
Risas, goces, llanto, andanzas,
Idas, vueltas, esperanzas...
Y creció hasta ser la flor
Más bella de este jardín
Cósmico, vital, eterno,
Sin punto inicial y sin fin.
Gorrión canoro del Sur,
Hija de la Pachamama,
Fiel amiga de los astros,
Hacedora del mañana.
Mónica, gorrión azul,
Dulces cuerdas de canario,
Cuerpo y alas de marfil,
Atravesando ese cielo
Inacabable y añil,
Sólo pido que en tu vuelo
Te detengas un instante
Para acordarte de mí.
¿Cómo podría el río
Correr sin cauce?
¿Cómo podría el río
ser tal, sin madre?
Lo que le quita libertad,
Le da también su esencia.
¿Difícil de entender?
¡Trabajo de paciencia!
LA APRECIACIóN DE LA CULPA
Breve clase de derecho
Existe un mundo complejo:
mundo del bien y del mal;
sumergido en sus cuestiones
vive todo ser mortal.
Jueces que, siendo falibles,
Debéis, empero, juzgar:
os pregunto con respeto
(quien duda ha de preguntar);
mas os ruego, señorías,
pensad antes de fallar,
ya que no hay jurisprudencia
con que os podáis ayudar.
Si la culpa es mensurable
-tal cual aceptado está-
¿qué proporción de la culpa
-pensad antes de fallar-
le ha cabido a la manzana
del pecado original?
TU ERES (mi canción de cuna y mi responso)
(Α --- Ω)
Tú eres mi voz,
Mi alma, mi idea,
Mi carne, mi vida,
Mi agua, mi tierra.
Mi sangre, mi sombra,
Mi piel y mi sol;
Mi todo y mi nada,
Mi ¡hola! y mi adiós.
Mi canción de cuna,
Mi lecho, mi libro,
Mi pan y mi fruta,
Mi amante y mi trigo.
Mi jardín, mi desierto,
Mi lápiz, mi espejo,
Mi papel y mi tinta,
Mi sueño, mi riesgo.
Mi Susy, mi niña,
Mi paz y mi guerra,
Mi amor, mi alegría,
Mis pies, mi cabeza.
Mi principio, mi fin
Y mi etapa intermedia.
Lo que sabes, y lo que nunca
Sabrás en esta tierra.
ME ACOMPAÑASTE EN UN TRECHO DEL CAMINO
De pronto desperté y en el silencio
Algo me decía: ¡ya no está!
Me pregunto ¿por qué, pasado el tiempo,
No se puede olvidar?
¿Qué sangre bebieron nuestras venas,
Tan común a los dos,
Que luego, al marcharnos a otra tierra,
Se nos hizo tan difícil el adiós?
¿Qué luz encendiste tú en mi vida,
Que no la puedo ya apagar, oh mi querida?
¿Y qué sombras me invaden en tu ausencia,
Que dejan en tinieblas mi existencia?
¿Qué tuvieron tu piel, como la mía,
Que siempre se buscaron ciegamente?
¿Qué tuvo tu sonrisa, tu alegría,
Que supo contagiar tanto la mía?
Y tu vientre, tan cálido y querido,
¿A dónde, por qué y cuándo se ha ido?
¿Qué tuvo tu tórrido aliento de amor?
¿Qué tuvo, que sin él no vivo yo?
Y, de pronto, las sombras me dijeron:
“Tu amada ya no está, ¡y no la busques!
Se fué por su camino...
Tú creíste que era el tuyo, pero no;
Andar tu misma senda no era su destino”.
Y así me encuentro hoy, vegetando recuerdos,
Ahogando tu recuerdo en este vino,
Recordando con amor aquel camino
Tan largo y tan corto que anduvimos los dos.
Con los ojos húmedos y la copa en la mano,
Brindo con tu ausencia y te digo... ¡adiós!
Enero de 1978
¿Quién no tiene una hija payasa? - O un hijo payaso.
Yo sin duda la tengo.
Todavía le gusta disfrazarse o bien vestirse con ropa de la madre o mía.
Ayer salí un rato de casa, y al regresar me esperaba vestida con un traje mío... Por supuesto, enseguida siguió la sesión de fotos (en cuanto a la calidad de las fotos
, aclaro que fueron hechas con el teléfono celular, así que estamos perdonados
):
Por supuesto, la venganza no se hizo esperar, y entonces ella también me disparó dos fotos. La primera -afeitándome- fué por sorpresa y a traición; la segunda reconozco que la sacó con mi anuencia... Para que los amigos me vean cómo estoy ahora, después de algunos años. Algo más viejito, pero todavía hacemos fuerza, je.. je.. (hay que hacerse un poco de propaganda; sobre todo, si uno no tiene abuela).
Esta semana (no sé exactamente cuándo, porque no lo controlo tan seguido) mi blog superó la cantidad de 10.000 páginas visitadas.
Es sólo un número, pero lo siento como una celebración, un festejo.
Es mucha gente compartiendo mis cuentos, mi pretendida poesía, mis reflexiones, o simplemente mis comentarios y un pedazo de mi vida.
Gracias a todos los que me visitan; algunos sé que lo hacen regularmente, algunos me envían mensajes que me llenan de alegría.
Me siento acompañado, a menudo también comprendido.
¡Gracias a todos mis queridos anónimos amigos!
Hace escasos días cayó en mis manos el diario de un íntimo amigo, que decidió suicidarse.
Su lectura me estremeció.
A pesar de mis serias dudas y cavilaciones, finalmente me decido a publicarlo, porque me parece especial y profundo; la guerra del intelecto y del alma de alguien que ha decidido dar ese paso irreversible...
Esta es la transcripción textual:
¡Basta!
Ahora sí, ya lo he decidido. Esta noche me voy a matar.
Luego de muchas sesiones de psicoterapia, de esfuerzos por rehacer mi vida, de pensamientos pretendidamente salvadores para aferrarme a lo que ya no me interesa: la vida.
He pensado en Dios. En su prohibición de matar, lo que incluye el suicidio.
Como ser racional que soy, encontré solución a esto: nadie puede exigir de mí lo que no soy capaz de dar; nadie tiene derecho de hacerlo.
La sociedad, la familia, todos esperan algo de mí, todos "exigen" algo de mí. Y sobre todo yo mismo, con mi natural auto-exigencia, mi perfeccionismo.
Quiero trabajar y no puedo.
Quiero mantener a mi familia y no puedo.
Quero atender a mi hija y no puedo.
Dios, que todo lo sabe, es el único que sabe que realmente no puedo. Que no estoy fingiendo.
"El espíritu está pronto, pero la carne es débil".
Sólo Dios sabe de mis esfuerzos por levantarme cada día, de los dolores físicos que me torturan, de la impotencia que siento al no poder concentrarme para hacer algún trabajo intelectual, y de la debilidad física para hacer algún trabajo físico.
Sólo Dios lo sabe; los médicos no.
Los médicos estudian mil hipótesis que expliquen el síndrome que mis análisis muestran: hígado dañado, anemia permanente, total caída del sistema inmunológico, inflamación de todas las glándulas, temperatura alta todo el tiempo, permanente secreción de pus por la garganta, que no detienen ni los antibióticos ni ninguna otra cosa.
Cuando los médicos no sabe explicar estos síntomas, y menos aún todos juntos, se les ofrece una fácil y rápida solución: nuevo diagnóstico: depresión.
Pero Dios sí sabe. Y si nadie puede exigirme lo que no puedo dar, Dios, en su amor infinito, menos aún.
Salvada la primera barrera: mi muerte no será pecado. No perderé el amor del Supremo por ello. El sabrá mejor que yo, que no había otro camino.
Me empapé de tus perfumes interiores
Apurando mi copa en tus entrañas;
Dijiste: “una pendiente asignatura...”
Resulta tentador, pero te engañas.
Izamos las banderas de la sangre
Bulliente, corriendo en nuestras venas;
Imagino cada fibra de tu cuerpo
Atrapando mi derroche a manos llenas.
Recién hoy, el destino nos permite
Oradar el campo extenso de lo ignoto,
Jugar con los juguetes ancestrales,
Abrirnos a los goces celestiales,
Seguir, porfiados, el albur de un sueño roto.
Multum, nec multa
¡Miles de años sin escribir una línea en mi blog!
Es que mi retorno a la Argentina, la reinserción, el empezar de nuevo... la muerte de mi madre, la muerte de mi hermano... todas estas cosas lo aíslan a uno.
Y luego está el tema de las actividades; modificando un poco mis versos de hace algunos años:
"... el trabajo y los horarios,
sin revistas y sin diarios..."
Pero, ¿a quién le importan los avatares de mi existencia?
Lo importante es la decisión que tomé hoy:
Ante lo limitado del tiempo de que dispongo y lo vasto del mundo de la literatura, decidí que debía seleccionar qué autores leer de hoy en adelante.
Ante la falta de un método de selección más idóneo, consideré que lo mejor era elegir una letra del alfabeto, y lo eché a suertes: salió la G.
Es decir que, de hoy en adelante, sólo leeré a los autores de apellido con G, o sea: Gala, Gombrowicz y gesBor.
Para algo más, no hay tiempo.
Nuevo blog para sufrir o disfrutar, según cómo se mire: El tábano.
En la dirección: http://tabano-austral.blogspot.com

Véanlo, después me cuentan.
También agregué una página sobre mi hermano Pablo (ver links en la columna de la izquierda). Interesante el currículum de mi hermanito, ¡no se lo pierdan!