Introspección
En este cuerpo animado,
Alma encarnada y pasión
De rojo:
Onomatopeya vital
De otros que le antecedieron,
Sólo veo carne nula
Que se pudre con el tiempo,
Que arrastra todo mi ser
Por el fango del olvido.
Se borrarán horas largas
Con el tiempo que no existe,
Que es un "ahora" eterno, inmóvil,
Como el Ser.
Un puñado de nervios y sangre
Que acumula experiencias,
Que alimenta angustias,
O finge dichas y lame hiel:
Hiel amarga de existencia,
De duras inexperiencias,
De inmadurez progresiva
De un siempre inmutable y cruel.
Con un tendal de vivencias
Putrefactas e inmorales
Ante los ojos mortales
De otra carne como yo.
Un cúmulo de fracciones
De amor y libertinaje,
De invencible ignorancia,
De negro hedor e impotencia,
De veleidad de poder.
Son los ojos de la carne
Que sólo son temporales
Y quieren ser radicales
En necias afirmaciones
Al auscultar las tinieblas
Pardas e indescifrables
Que mienten a la razón:
¡Factores de destrucción!
Más, la existencia del hombre
Es una tendencia al Ser,
Es un negar el olvido:
"Ser hombre es tender a Dios".
Esperanza azul abierta
A este rojo actual finito,
Limitado, impropio, impuro,
Efervescencia de soles,
Potencia de las potencias,
Micrométrica por hoy;
Aplastada por las guerras,
Pisoteada por los hombres,
Limitada por si misma:
Negación de libertad
Reina del libertinaje,
Descalza, tullida, manca,
Circunscripta, perseguida,
Apoteosis de pasión.
Pero hay una fuerza oculta:
"llegar a ser": LIBERACION.
Septiembre 1972