El frío, ayer decías, me tortura.
Y el frío es ahora tu existencia.
Tus huesos están hechos a medida
De esa caja en que ahora está tu vida.
La tierra que a paladas te arrojamos
Es desde hoy la puerta de tu casa.
Y en la puerta has dejado a tus hermanos
Que, llorosos los ojos, la miramos.
Y el frío es contagioso, te lo juro.
Lo siento ya en mis células finitas.
Mañana yo también, te lo aseguro,
Tendré una posesión allá en lo oscuro.
E iremos a reunirnos los dos juntos
Como antes, a bebernos unas copas.
Y entonces sí, seremos los difuntos
Los más grandes bebedores de estos mundos.
La piedra tapará nuestra existencia
Y los ingenuos mortales, ¡qué inocencia!
Creerán que estamos muertos a la vida.
...¡Y nosotros disfrutando la bebida!
Y estaremos, como ayer, en un abrazo,
Los dos ebrios, sonrientes y cantando;
Mientras, en larga procesión, en nuestra puerta,
Los vivos estarán, pobres, llorando.
TU ERES (mi canción de cuna y mi responso)
(Α --- Ω)
Tú eres mi voz,
Mi alma, mi idea,
Mi carne, mi vida,
Mi agua, mi tierra.
Mi sangre, mi sombra,
Mi piel y mi sol;
Mi todo y mi nada,
Mi ¡hola! y mi adiós.
Mi canción de cuna,
Mi lecho, mi libro,
Mi pan y mi fruta,
Mi amante y mi trigo.
Mi jardín, mi desierto,
Mi lápiz, mi espejo,
Mi papel y mi tinta,
Mi sueño, mi riesgo.
Mi Susy, mi niña,
Mi paz y mi guerra,
Mi amor, mi alegría,
Mis pies, mi cabeza.
Mi principio, mi fin
Y mi etapa intermedia.
Lo que sabes, y lo que nunca
Sabrás en esta tierra.
ME ACOMPAÑASTE EN UN TRECHO DEL CAMINO
De pronto desperté y en el silencio
Algo me decía: ¡ya no está!
Me pregunto ¿por qué, pasado el tiempo,
No se puede olvidar?
¿Qué sangre bebieron nuestras venas,
Tan común a los dos,
Que luego, al marcharnos a otra tierra,
Se nos hizo tan difícil el adiós?
¿Qué luz encendiste tú en mi vida,
Que no la puedo ya apagar, oh mi querida?
¿Y qué sombras me invaden en tu ausencia,
Que dejan en tinieblas mi existencia?
¿Qué tuvieron tu piel, como la mía,
Que siempre se buscaron ciegamente?
¿Qué tuvo tu sonrisa, tu alegría,
Que supo contagiar tanto la mía?
Y tu vientre, tan cálido y querido,
¿A dónde, por qué y cuándo se ha ido?
¿Qué tuvo tu tórrido aliento de amor?
¿Qué tuvo, que sin él no vivo yo?
Y, de pronto, las sombras me dijeron:
“Tu amada ya no está, ¡y no la busques!
Se fué por su camino...
Tú creíste que era el tuyo, pero no;
Andar tu misma senda no era su destino”.
Y así me encuentro hoy, vegetando recuerdos,
Ahogando tu recuerdo en este vino,
Recordando con amor aquel camino
Tan largo y tan corto que anduvimos los dos.
Con los ojos húmedos y la copa en la mano,
Brindo con tu ausencia y te digo... ¡adiós!
Enero de 1978