El frío, ayer decías, me tortura.
Y el frío es ahora tu existencia.
Tus huesos están hechos a medida
De esa caja en que ahora está tu vida.
La tierra que a paladas te arrojamos
Es desde hoy la puerta de tu casa.
Y en la puerta has dejado a tus hermanos
Que, llorosos los ojos, la miramos.
Y el frío es contagioso, te lo juro.
Lo siento ya en mis células finitas.
Mañana yo también, te lo aseguro,
Tendré una posesión allá en lo oscuro.
E iremos a reunirnos los dos juntos
Como antes, a bebernos unas copas.
Y entonces sí, seremos los difuntos
Los más grandes bebedores de estos mundos.
La piedra tapará nuestra existencia
Y los ingenuos mortales, ¡qué inocencia!
Creerán que estamos muertos a la vida.
...¡Y nosotros disfrutando la bebida!
Y estaremos, como ayer, en un abrazo,
Los dos ebrios, sonrientes y cantando;
Mientras, en larga procesión, en nuestra puerta,
Los vivos estarán, pobres, llorando.
¡Finalmente!
Después de varios años de esperas, postergaciones, imposibilidades y otras circunstancias, finalmente puedo realizar el viaje para visitar a mi madre y a mis hermanos y amigos. Destino final: Argentina; primera escala: Madrid.
Llegué así a la hermosa capital española y desembarqué en la casa de mis queridos amigos: María Vilagut, su esposo Carlos Calabrese (primero la dama y luego el varón, como corresponde a un caballero español) y sus hijos Alberto, Nuria, Bárbara y Javier (por edad, en forma decreciente, para que nadie se ofenda).
Así, a pocos metros de la calle de Alcalá, comienza mi periplo español.

Y aquí están... casa y puerta. Una puerta ya de por sí hermosa, por eso la fotografié, pero sobre todo la puerta que se me abrió a un cálido hogar, donde pasé momentos preciosos disfrutando de la amistad, la hospitalidad y las interesantes charlas; donde me sentí como en casa y donde volveré siempre que pueda (¡¡ mientras me aguanten, por supuesto !!).
A un "alma gemela" con la que me reencontré después de muchos años, con admiración y cariño.
Gorrión canoro del Sur,
Del lejano sur del Sur,
Tan distante y tan a mano,
Tan piadoso y tan pagano.
Gorrión frágil y atrevido,
Que con forma de mujer,
No canta con la garganta,
Canta con todo su ser.
Nos habla de los caminos
Y de las sendas del alma,
La hermandad universal,
La conciencia planetaria...
De los iguales distintos,
De los cercanos distantes,
La luz interior que nos guía,
El dolor y la alegría.
Mónica, mujer gorrión,
Voz cálida, dulce a veces,
Y a veces, desgarradora,
Carraspeante, abrazadora,
Que canta a la Pachamama
En mil dialectos distintos...
Variaciones dialectales
Del idioma Universal;
Idioma que nos conecta,
Que nos hace ser hermanos,
Que con sus sutiles hilos
Une a todos los humanos;
Hilos tenues, invisibles,
Impalpables, poderosos,
Que como tela de araña
Tejen las hebras del alma:
Nuestro hoy y nuestro sino,
El aquí y el más allá,
El jardín inacabable
Del edén universal.
Esa red se hará visible
El día en que la conciencia
Se expanda, crezca, madure,
Se nutra de la experiencia
Del saber universal,
Del amor sin condiciones,
Del abrazo fraternal.
Ella vivió este proceso,
Por eso Mónica brilla
Cual creciente luna nueva,
Observando con sorpresa
Sus pisadas en la arena.
Es un 13 de septiembre
Cuando comienza la historia
De su paso por la tierra,
De sus penas y sus glorias,
De “dime madre” y “qué pasa”,
De amor y ojos amarillos,
Risas, goces, llanto, andanzas,
Idas, vueltas, esperanzas...
Y creció hasta ser la flor
Más bella de este jardín
Cósmico, vital, eterno,
Sin punto inicial y sin fin.
Gorrión canoro del Sur,
Hija de la Pachamama,
Fiel amiga de los astros,
Hacedora del mañana.
Mónica, gorrión azul,
Dulces cuerdas de canario,
Cuerpo y alas de marfil,
Atravesando ese cielo
Inacabable y añil,
Sólo pido que en tu vuelo
Te detengas un instante
Para acordarte de mí.