¿Perdemos lo que perdemos?

Hablaba recién de lo que no perdemos cuando perdemos todo.

Hablaba de mi hija Alexandra.

Pero hay también otras cosas que no perdemos.

Veamos.

Cuando buceamos en nuestro fuero interior en búsqueda de lo trascendente, de lo que significa para nosotros este viaje por la vida, nos encontramos con algunas cuestiones básicas, que suelo concretar en tres preguntas básicas:

- ¿Qué quiero ser?

- ¿Qué quiero tener?

- ¿Qué quiero hacer?

 

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Puedes perder lo que tienes (éxito, dinero, amigos, familiares, pareja).

Puedes perder la capacidad de hacer lo que hacías.

Pero no puedes perder lo que eres.

Por eso, trabaja sobre lo que quieres ser. Trata de acercar lo más que puedas esa imagen de lo que quieres ser con lo que en realidad eres.

El ser incluye el cómo eres (amable, simpático, generoso... aburrido, amargado... engreído, irritable... inteligente, informado, interesado en lo que pasa y en los demás... despótico, humilde, sumiso, servil, decidido, miedoso, culto, urbano, soez, refinado... - somos tantas cosas en uno).

En conclusión: no se pierde lo que se es y no se pierde el amor de los seres queridos (aunque mueran, el amor continúa así como la vida, camino de la trascendencia).

Comentarios

Lo que acabo de leer, me ha hecho recordar algo en lo que pienso mucho ultimamente:
Cuando era una cria, 16 o 17 años, soñaba con una vida única, distinta. Yo era un ser especial y, por tanto, debía tener una vida especial. Acabaría mi carrera, pasaría unos años de voluntariado en algún país lejano, volvería a España y encontraría algún trabajo maravilloso,en el que triunfaría y sería reconocida, por supuesto, dada mi experiencia. Pero claro, la vida te lleva por donde te quiera llevar y nada de eso se cumplió.
Acabé mi carrera, eso sí, no fuí a ningún sitio y comencé a trabajar. Me casé, tuve 4 hijos y seguí viviendo, como supongo que seguimos viviendo todos los seres especiales de este planeta. Y, un día, por esas extrañas circunstancias de la vida, que te hacen ver que no eres tan especial y que puedes enfermar como los demás, tuve que dejar de trabajar.
Ahora, pienso mil veces en lo que queda de esa niña y sus ilusiones; y sólo quedo yo, la esencia de esa persona que soñaba y sigue soñando y que se sigue sintiendo especial; y queda lo que amo: mi marido, mis hijos, sus risas y sus enfados, las preocupaciones diarias y mis amigos, esos seres tan especiales que me hacen sentir igual de especial. Y lo demás no importa, lo demás, son sólo cacharros.
(Lovro, prometo no hacer comentarios en tu blog durante un tiempo, que sino, al final, me aprovecharé de tí para hacer un blog paralelo en tu página)


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