Del diario de un suicida

Escrito por lorenzostrukelj 29-10-2007 en General. Comentarios (18)

Hace escasos días cayó en mis manos el diario de un íntimo amigo, que decidió suicidarse.

Su lectura me estremeció.

A pesar de mis serias dudas y cavilaciones, finalmente me decido a publicarlo, porque me parece especial y profundo; la guerra del intelecto y del alma de alguien que ha decidido dar ese paso irreversible...

Esta es la transcripción textual:

 

¡Basta!

Ahora sí, ya lo he decidido. Esta noche me voy a matar.

Luego de muchas sesiones de psicoterapia, de esfuerzos por rehacer mi vida, de pensamientos pretendidamente salvadores para aferrarme a lo que ya no me interesa: la vida.

He pensado en Dios. En su prohibición de matar, lo que incluye el suicidio.

Como ser racional que soy, encontré solución a esto: nadie puede exigir de mí lo que no soy capaz de dar; nadie tiene derecho de hacerlo.

La sociedad, la familia, todos esperan algo de mí, todos "exigen" algo de mí. Y sobre todo yo mismo, con mi natural auto-exigencia, mi perfeccionismo.

Quiero trabajar y no puedo.

Quiero mantener a mi familia y no puedo.

Quero atender a mi hija y no puedo.

Dios, que todo lo sabe, es el único que sabe que realmente no puedo. Que no estoy fingiendo.

"El espíritu está pronto, pero la carne es débil".

Sólo Dios sabe de mis esfuerzos por levantarme cada día, de los dolores físicos que me torturan, de la impotencia que siento al no poder concentrarme para hacer algún trabajo intelectual, y de la debilidad física para hacer algún trabajo físico.

Sólo Dios lo sabe; los médicos no.

Los médicos estudian mil hipótesis que expliquen el síndrome que mis análisis muestran: hígado dañado, anemia permanente, total caída del sistema inmunológico, inflamación de todas las glándulas, temperatura alta todo el tiempo, permanente secreción de pus por la garganta, que no detienen ni los antibióticos ni ninguna otra cosa.

Cuando los médicos no sabe explicar estos síntomas, y menos aún todos juntos, se les ofrece una fácil y rápida solución: nuevo diagnóstico: depresión.

Pero Dios sí sabe. Y si nadie puede exigirme lo que no puedo dar, Dios, en su amor infinito, menos aún.

Salvada la primera barrera: mi muerte no será pecado. No perderé el amor del Supremo por ello. El sabrá mejor que yo, que no había otro camino.